martes, 25 de febrero de 2020


ENTRE LA ARENA Y LA  MURALLA. EPISODIOS CEUTÍES
DE DOMINGO NOFUENTES HERNÁNDEZ

COLABORACIÓN DE JESÚS CANCA LARA


¿Se puede novelar la cotidianidad enhebrando ficción y realidad, sin minimizar el potencial de invención del primero ni menospreciar la rigurosidad del segundo? Si alguien aun lo pone en tela de juicio puede adentrarse en las páginas de esta ópera prima del escritor Domingo Nofuentes; un granadino afincado en Ceuta hace más de veinte años.
En tan solo cinco relatos, el autor de “Entre la arena y la muralla” ha sabido plasmar dos realidades bien distintas: la realidad del Relato Breve como género literario y fogonazos de la realidad ceutí en el transcurso de los años. Por un lado, da respuesta a la manida pregunta sobre la extensión que debe tener un relato breve, dejando entrever que no hay una única extensión predeterminada. Contar una historia puede ocupar a veces 7 páginas (como en el caso del relato titulado Noche cerrada) u 83 páginas (como en El Reportaje). Por otro lado, esta obra se puede catalogar como una magnífica muestra de la realidad ceutí novelada. O, en otras palabras, un excelente ejemplo de cómo novelar hechos reales, bien documentados y desde el rigor. De ahí que, partiendo de hechos acaecidos a lo largo del tiempo en Ceuta, el autor se invente algunos personajes y juegue con la realidad, combinando de manera equilibrada realidad y ficción, haciendo uso de una exquisita contextualización léxica y una no menos exhaustiva documentación histórica.
Además, el logro conseguido en el caso del autor que nos ocupa tiene un mérito doble, ya que ha sabido retratar la realidad y costumbres de Ceuta, sin ser natural de Ceuta. Se nota que este autor granadino entiende de fotografía y sabe “retratar bien”, porque ha sabido fotografiar distintos momentos a lo largo del tiempo que, por diferentes razones, han quedado grabados en la historia de esta ciudad. Sin lugar a dudas, Domingo ha sido capaz de meternos de lleno en la historia de: Manuel, un reo gallego conocido como “El hombre lobo de Allariz” en la Ceuta-Presidio de finales del siglo XIX; o hacernos partícipes y asistir a la realidad de unos personajes ante la llegada de la Guerra Civil; o en la historia de Miguelito que ve de cerca la muerte por vez primera, durante una de las mayores tragedias marítimas registradas en el Campo de Gibraltar; o en la piel de Sara, esa aprendiz de periodista que resulta herida en acto de servicio mientras realiza sus pesquisas durante la redacción de su reportaje; o, por último, en la historia de Abdoulaye, un migrante que tras su periplo africano se queda en puertas de lograr su sueño europeo.
“Entre la arena y la muralla” trata de cinco historias recogidas en cinco relatos bajo un título prometedor, prestado de un verso de nuestro ilustre poeta ceutí Luis López de Anglada, como nos recuerda en el excelente prólogo de la obra nuestra querida amiga Mª Jesús Fuentes. Un título que se antoja tan apropiado como original, que viene a sintetizar lo que el libro acontece en sentido inverso. Y digo en sentido inverso porque “Entre la arena y la muralla” aparece en sentido contrario al orden de aparición en la obra, ya que la “arena” de la playa que pisa el inmigrante Abdoulaye aparece en el último relato, mientras que la “muralla” del Monte Hacho del Presidio lo encontramos en el primer relato. Una mera anécdota.
De las muchas lecturas que se podrían llevar a cabo, me centro en una de ellas. A mí, particularmente, me ha llamado la atención el enfoque costumbrista de los relatos, puesto que presentan una larga lista significativa de costumbres que yo he vivido en primera persona:
En el relato “Doce de diciembre” me he sentido identificado con Miguelito. Yo nací y me crié en la Playa Benítez, y compartí la costumbre infantil de “raspar los huesos de melocotón contra el escalón de piedra para fabricar pitos” y he observado en mi infancia a “mujeres cargadas con cubos de desperdicios que arrojaban al mar en el Barrio de las Latas”. He compartido el mismo uso de la lengua y cuando cogía el autobús en la Playa Benítez para ir al centro de la ciudad, también decía “me voy a Ceuta”, como si ya no estuviera en la ciudad. Y como piragüista que fui de joven, cuando dábamos la Vuelta a Ceuta en piraguas, viví la bravura del mar en los Isleros de Santa Catalina tal cual se narra.
En “El reportaje” me he sentido identificado con Sara, porque yo también he sido hijo de tendero de una tienda de ultramarinos de barrio y salí de Ceuta para estudiar una carrera universitaria. Un relato repleto de localismos, con un somero repaso al callejero ceutí, con mención de locales emblemáticos y una retahíla cuidada de algunos de los platos típicos de esta ciudad: bocadillos de corazones de pollos, conchas finas crudas con unas gotitas de limón, guiso de fideos con caballas, pinchitos morunos, milhojas de chocolate, el chocolate Maruja o el té con pastas.
Y “Vientos de tormenta” también me ha trasladado a mi infancia de manera especial. Yo también cogía “la camioneta” todos los días para ir al colegio (o sea, el autobús). Mi padre a veces bebía “vino con sifón” y de joven ordeñaba las cabras de mi abuelo en un jarrillo de lata. Y mi madre también pedaleaba en su máquina de coser con un cajón adosado siempre lleno de retales, tijeras, tizas y carretes de hilo; y tomaba infusiones de “hierbaluisa”.
Por todo ello, a modo de conclusión y de manera acertada, José Antonio Alarcón, Director de la Biblioteca Pública “Adolfo Suárez” de Ceuta, califica “Entre la arena y la muralla”, desde las emociones evocadas, como una magnífica recopilación de “Historias de gente sin historia”. Se refiere al acontecer diario de las personas narradas (un preso, unos pescadores, gente obrera, una aprendiz de periodista y un migrante) que, sin aparecer en los anales de la historia de esta ciudad, escribieron sus historias con “h” minúscula (como al mismo Domingo Nofuentes le gusta tildar) en el pasado de esta ciudad y nos permiten hurgar en el tejido de las vivencias de un pueblo a orillas del Estrecho de Gibraltar.