miércoles, 4 de abril de 2018


ANA MORENO

Me parece una estupenda novela, con al menos, dos partes muy diferenciadas, en fondo y forma. La primera, casi novela negra, con las peripecias de Conde, en la Habana. La segunda, abundante en hechos históricos, con marcado carácter religioso descriptivo y razonamientos filosóficos.
No me ha dado tiempo  de terminarla, pero creo que es la mejor de las tres que he leído de Padura. Riqueza verbal, de lugares, de momentos y personajes tanto reales como ficticios. Me está gustando mucho.

jueves, 14 de diciembre de 2017

LÁGRIMAS EN LA LLUVIA” de Rosa Montero.

Por: Domingo Nofuentes Hernández.


La literatura es siempre una expedición a la verdad”, escribió Kafka. Los aficionados a la lectura entendemos que en gran medida leemos para intentar comprendernos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea, para conocer algo más acerca de nuestras contradicciones, miserias y grandezas, de lo que nos hace humanos. La literatura nos permite sumergirnos en un mundo desconocido en el que explorar escenarios y sentimientos a los que de otra forma no podríamos asomarnos, e incluso trasladarnos a mundos inimaginables sin tener que movernos siquiera del sillón. Pero si la literatura desde La Odisea, ha tratado siempre de describir el mundo tal y como es, solo un género se ha propuesto representar el mundo como podría ser: la ciencia ficción. La ciencia ficción abarca toda clase de relatos; aventura, comedia, drama, misterio, terror, etc, pero su particularidad viene dada por el hecho de que sitúa la acción en unas coordenadas espacio-temporales imaginarias y diferentes a las nuestras. Así todo, lo que sigue haciendo tan interesante a este género literario es que continúa siendo capaz de crear escenarios que inspiren debates filosóficos, sociales o científicos sobre la naturaleza del hombre y de la sociedad, e insiste en plantearnos dudas, en señalarnos peligros o en estimularnos a que indaguemos en busca de respuestas.
Tal es el caso de la novela que se propuso este mes para ser comentada en el CLUB DE LECTURA de la Biblioteca Pública del Estado en Ceuta. “Lágrimas en la lluvia” (Seix Barral, 2011), de la escritora madrileña Rosa Montero, es una novela que podríamos alojar en la tradición del género negro o del thriller policiaco, sino fuese porque su trama transcurre en el Madrid del año 2109. La protagonista, Bruna Husky, es una detective que se ve envuelta en un caso con tintes conspiratorios cuando intenta esclarecer la autoría de unas muertes en extrañas circunstancias. Pero no reside en esta trama criminal la verdadera fuerza de la novela, sino en el paisaje de fondo que construye la escritora, un mundo imaginario pero coherente y apasionante, donde son cotidianos los viajes interplanetarios y la teleportación , donde hay unos androides orgánicos creados por los humanos (con sentimientos iguales a los humanos pero con ciertas mejoras físicas) a los que llaman replicantes, en clara alusión a la película “Blade Runner” de Ridley Scott. La detective Bruna Husky es una de esas replicantes o tecnohumanos , los cuales a pesar de que son creados cuando cuentan con unos veinticinco años de edad y por tanto morfológicamente adultos, sufren una especie de cáncer agónico que provoca su muerte pasados diez años. A estos seres sintientes (en la terminología de la novela) le son implantados recuerdos, memorias artificiales, que en cierto modo sirve para estabilizarlos y que tengan una personalidad más definida. A pesar de que legalmente tienen los mismos derechos que los humanos, existe un latente especismo del que derivan continuamente problemas de convivencia avivados por el supremacismo de algunos colectivos humanos.
Para que el lector a su vez pueda contextualizar ese mundo futuro, la autora utiliza el recurso de intercalar el trabajo de un Archivero, amigo de Bruna, que se encarga de revisar ante nuestros ojos ciertos episodios históricos, los cuales están siendo modificados subrepticia e interesadamente por alguien desconocido con la intención de manipular a las masas en contra de los replicantes.
A pesar de que Rosa Montero nos sumerge en un futuro instalado en el colapso ecológico (cada uno ha de pagar la calidad del aire que respira…) , sumido en una crisis económica, donde el integrismo religioso y las luchas de ideologías extremistas utilizan continuamente el odio como arma de su oportunismo político, la novela se nos revela como un relato de supervivencia, sobre la moral y la ética individual, sobre el amor y la necesidad del otro. La autora nos invita a la reflexión en distintos planos y sin pátinas moralistas de por medio, desde temas más livianos como son algunas preocupaciones contemporáneas insertadas en esa tramoya futurista (las desigualdades sociales, la catástrofe medioambiental, etc), hasta asuntos tan trascendentales como el miedo a la muerte o la importancia de la memoria. Es a través de la protagonista, Bruna, y de la angustia que le produce saber el tiempo que le queda por vivir, de donde surgen las reflexiones más interesantes acerca de la muerte y del miedo que produce, de la búsqueda de respuestas cuanto ésta se aproxima, de cómo los replicantes viven enfrentados a su final, mientras los humanos se las apañan para mirar a otro lado. Y también de la naturaleza maleable de la memoria, ya que los replicantes viven instalados en una ficción basada en unos recuerdos implantados artificialmente por los memoristas (si nuestra identidad se basa en nuestra memoria, ¿qué pasaría si ésta cambiase?). Es también, al mismo tiempo, una novela política, en su sentido más profundo, donde se reflexiona sobre el poder y sus excesos, incluso sobre cómo la democracia se ha transmutado en un sistema hipócrita, corrupto y desesperante.
Se trata, en definitiva, de una magnifica novela narrada magistralmente, bien construida y con algunos momentos entrañables, aunque como suele ocurrir en las reuniones del CLUB DE LECTURA, las opiniones fueron dispares al respecto. En esta ocasión a penas hubo término medio, desde a los que nos sedujo y fascinó completamente, hasta a los que les resultó indigesta su lectura. Y esto quizás se deba a que la ciencia ficción es una propuesta que requiere generalmente un salto conceptual, y a priori, una actitud de franca receptividad y amplitud de miras por parte del lector, que debe encarar el esfuerzo intelectual de comprensión y asimilación de los conceptos y escenarios fantásticos que se nos muestran en la novela.
Ningún género literario a lo largo del siglo XX y XXI ha influido transversalmente tanto en el diseño, la arquitectura, la moda, la ingeniería, la música y el cine como la ciencia ficción. Su fama como vehiculo de entretenimiento a menudo no deja vislumbrar su eficacia como prodigiosa herramienta para hablar de cosas de aquí y ahora, pero de una manera que aterre menos, casi en clave de fábula, como tradicionalmente ha ocurrido desde el Frankestein de Mary Shelley (1818), pasando por los grandes maestros, como pueden ser Julio Verne y H.G. Wells. Pese a que éste género ha sido defendido por numerosos y prestigiosos expertos, y es muy demandado en otros países, en España continúa siendo un género confuso para el gran público, de escasa comercialidad y despreciado por casi toda la crítica académica española. Como ocurre en “Lágrimas en la lluvia”, la ciencia ficción no habla del futuro, sino de la condición humana, el gran tema de la literatura universal, junto con las historias que tienen que ver con el poder, con el amor, con la muerte…, las grandes cuestiones que nunca se agotarán, porque siempre ha habido héroes y villanos, e historias que contar a propósito de ellos.











miércoles, 25 de octubre de 2017

COLABORACION CLUB DE LECTURA

PATRIA” de Fernando Aramburu.

Por: Domingo Nofuentes Hernández.


Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir”, esa es una de las reflexiones que nos brinda el ya fallecido escritor José Saramago en su libro “Cuadernos de Lanzarote”, una consideración que por desgracia se desoye de continuo en un país como el nuestro. Es un hecho que, antropológicamente nos diferenciamos de otras especies por nuestra capacidad de aprendizaje, lo que está íntimamente conectado con nuestra memoria. Pero hay otra faceta en nosotros, la que nos viene dada como animales políticos que somos, que necesitaría ser revisada con urgencia: nuestra flagrante e interesada facilidad para olvidar. Como sociedad, ya sea por comodidad o por pura conveniencia, constantemente ponemos en marcha mecanismos cuyo único fin no es otro que consumar toda una política de desmemoria y ponerla al servicio de unos pocos intereses partidistas.
Es en ese punto, donde la literatura se puede convertir en una magnífica herramienta que nos permita ver, sentir y reflexionar por nosotros mismos sobre hechos de nuestra historia común, para tratar así de luchar contra el ominoso silencio que supone el olvido. Una novela puede ser muchas cosas. Un contenedor donde caben la imaginación, el ensayo, el testimonio, los recuerdos. Pero también es una manera de ordenar el caos, de luchar contra la desmemoria. O por los menos así parece que ha sido para el escritor Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) en su última novela  “PATRIA”  (Tusquets), libro que ha sido propuesto para ser comentado en el CLUB DE LECTURA de la Biblioteca Pública del Estado en Ceuta para nuestra reunión mensual. A través de esta obra, logramos adentrarnos en al alma de dos familias en el País Vasco, en los años del horror terrorista: dos hombres, dos mujeres y sus cinco hijos, unidos por una prolongada amistad que se rompe el día en que a uno de ellos, empresario, se le exige el pago del impuesto revolucionario, el día en que uno de los hijos del  amigo íntimo entra a formar parte de la organización terrorista ETA. La ruptura de esta amistad acaba convirtiéndose en símbolo de la fractura de un pueblo; unos, víctimas absolutamente inocentes; los otros, sus asesinos y sus cómplices. De un lado tenemos a Bittori, la mujer de Txato, un hombre humilde metido a gerente de una pequeña empresa de transportes al que en un momento dado ETA envía una carta exigiéndole el pago de una cantidad de dinero. Bittori es una mujer sencilla, poco ilustrada, muy religiosa y en ocasiones casi beata. Del otro lado está Miren, la madre del etarra, del miembro de ETA que participa en el asesinato de Txato. Ambas hablan con sus fantasmas interiores de manera muy directa; Bittori con su marido muerto (al modo de “Cinco horas con Mario” de Delibes) , Miren con San Ignacio de Loyola, pero a pesar de que se parecen mucho en su estructura mental terminaran por convertirse en dos polos completamente opuestos.
Como ocurre necesariamente en el seno de las reuniones del CLUB DE LECTURA, las opiniones sobre la novela fueron tan heterogéneas como en el fondo lo somos cada uno de sus lectores, lo que sin duda, es muy de agradecer, ya que de ese modo siempre las conversaciones y el debate son mucho más ricos en matices. Mientras que para algunos de nosotros se trata de una novela farragosa de leer, escrita en un lenguaje demasiado escueto, desprovisto de matices verdaderamente literarios, y cuya popularidad y éxito de ventas podría achacarse a los subterfugios mercantiles del mundo editorial, para otros (entre los que me incluyo) ha supuesto el encuentro con una gran novela, que se puede leer como un relato de ficción acerca de una historia real, en gran parte debido a que el autor ha sabido ponerse en la situación de los distintos actores que intervienen, pero que sobretodo, resulta un relato sobre las víctimas y la incesante victimización a la que son sometidas. Ofrece esta obra asimismo, muchos niveles de lectura, en los que el autor trata multitud de temas transversales, como el papel de la iglesia en el conflicto vasco, la tupida trama de control, extorsión y opresión a la que estaba sometidos las personas que no comulgaban con el ideario abertzale, la angustia que supone pasar toda una vida en la cárcel (Aramburu nos esboza a unos “malos” que son vulnerables, y a la vez responsables de su propia destrucción), etc. Pero por encima de todo podemos encontrar entre sus páginas una firme y constante llamada a la reflexión sobre la insensata costumbre de los seres humanos de creer que asesinando a los adversarios políticos se resuelven los problemas.

Como advertía Albert Camus en su ensayo “ El mito de Sísifo” , cualquier tipo de terrorismo tiene una única raíz: el fanatismo, esa forma de ceguera ideológica y depravación moral que ha hecho correr tanta sangre e injusticia a lo largo de la Historia. Así pues, en “PATRIA”, ese fanatismo rezuma por todos lados, desde cómo se dirige hacia los jóvenes simpatizantes del bando etarra arrastrados al asesinato por absurdas consignas (los jóvenes son siempre los eslabones más débiles de la cadena), pasando por la sistemática tergiversación de la realidad, hasta el modo en que ese fanatismo es tan intenso que quiebra uno de los lazos más fuertes que es capaz de tejer el ser humano; la amistad que existe entre las dos familias protagonistas.

lunes, 24 de abril de 2017


LA SOMBRA DEL VIENTO” de Carlos Ruiz Zafón.

                  Por: Domingo Nofuentes Hernández.


He de confesar que como norma general, suelo evitar las relecturas, excepto con contadas excepciones. Lo que sí se me ha hecho costumbre es releer cada cierto tiempo algunas obras clásicas, o algunas otras que yo considero fundamentales. Ya sé que a menudo releer una obra te puede permitir descubrir otros matices que en su momento pudieron pasar desapercibidos al lector, pero en otras muchas ocasiones, volver a enfrentarse a una lectura que se leyó con entusiasmo a los veinte años puede resultar decepcionante, bien porque con la edad nos volvemos más resabiados, bien porque algunos textos no aguantan decorosamente el paso del tiempo. Por dicha razón, principalmente, es por la que prefiero guardar de algunos libros un buen recuerdo difuso, como se guarda de ciertos amigos.
De ahí que cuando se propuso en EL CLUB DE LECTURA de la Biblioteca Pública del Estado “Adolfo Suarez”, abordar la lectura de “LA SOMBRA DEL VIENTO” (Ed. Planeta, 2001) de Carlos Ruiz Zafón, despertara en mí ciertos sentimientos contradictorios, ya que leí la novela hace algunos años, coincidiendo con su publicación e influenciado por la gran popularidad que adquirió entre los lectores gracias al boca-oreja, y me dejó cierto regusto insulso.
Para aquellos que desconozcan la obra solo mencionar que fue el primer éxito de Juan Carlos Ruiz Zafón (Barcelona, 25 de septiembre de 1964) , que ganó varios premios a nivel mundial (Premio Fundación José Manuel Lara, Prix de Sait Emilion en Francia, Gumshoe Award en Estados Unidos, Premio de los Lectores en Holanda, …) y se convirtió al poco tiempo en uno de los libros más vendidos y traducidos de todo el mundo. Fue el punto de partida de una serie al que le seguirían otras tres novelas mas: El juego del ángel (2008), El prisionero del cielo (2011) y El Laberinto de los Espíritus (2016)..
A modo de somero resumen podemos referir que el relato está ambientado en una lúgubre Barcelona de posguerra en la que nos topamos con un muchacho, Daniel Sempere, el narrador-protagonista, huérfano de madre y al que su padre conduce una mañana del año 1945 a un misterioso lugar oculto en pleno corazón de la ciudad; el cementerio de los libros olvidados. Allí Daniel encuentra un libro que cambiará el rumbo de su vida, la obra titulada como “La sombra del viento” y escrita por un escritor desconocido y enigmático llamado Julián Carax. La novela y el autor pronto acaparan toda la atención de Daniel, que se lanza a indagar sobre sus orígenes. Todo ello lo conducirá a toparse con personajes sorprendentes, extravagantes y perversos, entrando así en una espiral de peripecias, intrigas y secretos que lo llevan a deshilar la historia poco a poco a lo largo de sus más de quinientas páginas.
Como suele ocurrir indefectiblemente entre los miembros del Club de Lectura, en la reunión encontramos tantas opiniones y tan dispares que avivaron desde el principio la conversación y el debate, eso sí, argumentando convenientemente cada uno de nosotros nuestras apreciaciones. Mientras que para algunos de nosotros no es sino una novela del montón (entono el mea culpa), con un estilo que a menudo se torna inverosímil e impostado, a los que les parece inexplicable que haya tenido tanto éxito de ventas, achacándolo sin duda a cuestiones “extraliterarias” y que muy probablemente tienen más que ver con el marketing que con sus dotes prosísticas, para otros, por el contrario, se trata de una magnifica obra entroncada con la mejor novela decimonónica de ecos costumbristas a la manera de Dickens o Galdós, repleta de poéticas descripciones , de profundas reflexiones y de frases dignas de ser subrayadas, que trata grandes temas como la amistad, el poder o el amor.
En lo que la mayoría sí nos mostramos de acuerdo, más allá del gusto literario de cada cual, fue en que en cierto sentido se trata de una novela de novelas, es decir, congrega en sus páginas multitud de géneros y códigos narrativos diferentes, es, cogiendo prestadas las palabras del propio narrador “[…] una de esas muñecas rusas que contiene innumerables miniaturas en su interior” (pag.19).
En efecto, y a poco que nos asomemos a su lectura, podemos detectar diferentes géneros que se entremezclan sin orden aparente, con ecos de la novela policiaca, la novela filosófica, la tragedia clásica, novela histórica, etc. El autor, a través de un eje genérico vertebrador con tintes de novela folletinesca ( con personajes maniqueos, lances exagerados, historias inverosímiles…) , y gótica (ambientes tenebrosos y oscuros con elementos sobrenaturales y personajes misteriosos) nos adentra en una estructura laberíntica, que además está repleta de digresiones en las que se agolpan multitud de recuerdos, reflexiones y anécdotas, que nos conduce a través de la acción. Es, asimismo, una novela de gran ritmo, entretenida, bastante bien escrita, y con una trama urdida de forma inmejorable a través de una excelente técnica literaria, que en ciertos pasajes nos hace evocar fórmulas cinematográficas (debido, sin duda, a la labor de escritor de guiones que ha estado desempeñando el autor durante tantos años en Los Ángeles). Otro gran acierto de la novela se encuentra en sus personajes secundarios, que son los que verdaderamente resultan más interesantes al lector, y sobre todo el personaje de Fermín, el atolondrado amigo de Daniel, vagabundo estrafalario y de buen corazón que a pesar de ser el más disparatado y sobreactuado de todos los personajes de la novela, es a través del cual salen a relucir los pensamientos más profundos y las verdades más universales ( y que nos recuerda en ocasiones vivamente al protagonista de “El misterio de la Cripta Embrujada” de Eduardo Mendoza). Pero quizás la clave para poder acercarnos a la técnica narrativa de Carlos Ruiz Zafón y entenderla en su medida, nos la brindó nuestro compañero Ilias, lector entusiasta de este autor, al hacernos reparar en que Ruiz Zafón utiliza en las novelas de esta tetralogía los mismos esquemas y el mismo canon empleado en sus novelas juveniles, llenos de elementos quiméricos y fantásticos, quizás con la velada pretensión de reenganchar a sus antiguos lectores.
Hemos de reconocer, pues, que se trata de una novela entretenida, cuya principal virtud reside en que consigue arrastrar al lector con la fluidez de su prosa y sus diálogos, y conducirlo a través de numerosos misterios, oscuras historias de familia, amores trágicos, venganzas y asesinatos, hacia un final en el que están abocados a converger los protagonistas del relato. Es, pese a todo, una novela de esas que merece la pena tomarla de la estantería y sentarse a leerla (o releerla) sin prisas, con todo sosiego.

viernes, 27 de mayo de 2016

ME LLAMO SULEIMAN” de Antonio Lozano.

Por: Domingo Nofuentes Hernández


Por desgracia, ya a casi nadie le resultan novedosas las imágenes de miles de personas arriesgando sus vidas ( otras muchas perdiéndolas sin remedio), con el único afán de poder pisar tierra europea, convertida de la noche a la mañana en la nueva tierra prometida, y poder así hallar un lugar seguro donde vivir. Los hemos podido ver con todo lujo de imágenes y encuadres televisivos; hombres, mujeres y niños, empujados por la pobreza unos, por la guerra, la opresión y el terror otros, que se encaminan hacia una Europa indolente, atenazada por sus miedos y contradicciones. A pesar de lo doloroso y duro que a menudo suele ser escuchar los testimonios de los afectados, o lo crudo de algunas de esas imágenes, resulta todo ello, a mi modo de ver, ineludible y necesario; nunca deberíamos cansarnos de ver el drama ajeno, porque suele ser el germen de otro gran problema: la indiferencia.
Para vacunarse contra ese desapego malsano resulta una herramienta fundamental la educación, pero una educación en valores, que trate de comprender al otro y que permita poder ponernos en su lugar. Y eso es precisamente lo que consigue el libro que se propuso comentar en el CLUB DE LECTURA, de la Biblioteca Pública del Estado en Ceuta, para nuestra reunión mensual. Se trata de la novela “Me llamo Suleiman” (Anaya, 2014) del escritor, traductor y profesor Antonio Lozano, y que con ocasión de la celebración del Día de África viajó hasta nuestra ciudad , permitiendo así que pudiéramos debatir con él los distintos aspectos de su obra. También pudimos contar en esta reunión del Club, con la presencia de un numeroso grupo de residentes del CETI, alguno de los cuales ofreció sus reflexiones a los allí presentes.
Lozano, como escritor, posee ya una larga trayectoria novelística donde África siempre ha estado muy presente (“Harraga”, “Donde mueren los ríos”, “El caso Sankara”, “Las cenizas de Bagdad”, etc), y quizás se deba a que , según sus propias palabras, se siente una persona de las dos orillas. Nació y vivió en Tánger, estudió Magisterio en Granada y trabajó en Oujda y Nador. Actualmente ejerce como profesor de francés en el Instituto Joaquín Artiles de Agüimes en Canarias.
En “Me llamo Suleiman”, nos narra en primera persona (lo que favorece sin duda que nos identifiquemos con el protagonista), la historia de un adolescente maliense que decide dejar su pueblo de Bandiagara, sus padres y amigos para aventurarse en un penoso viaje a través del desierto del Sahara hasta llegar a la frontera de Melilla. Allí, tras intentar saltar la valla fronteriza, es rechazado y abandonado a su suerte por los marroquíes en medio de la nada, en pleno desierto y en la frontera con Argelia. A punto de morir es rescatado por unos saharaouis, consiguiendo más tarde regresar a su país. En Bamako es acogido por Aminata, una infatigable mujer que tutela una organización que pretende reinsertar a los retornados. Malviviendo gracias a extenuantes trabajos de precaria remuneración, harto de estar rodeado de miseria, de una vida sin expectativas, se lanza de nuevo a tratar de alcanzar su ilusión de viajar a España, pero esta vez por la ruta del mar, embarcado en un cayuco atestado de personas que, al igual que él, van persiguiendo su propio sueño europeo. A través de los ojos del protagonista, somos testigos de los diferentes motivos que ha empujado a cada uno de ellos a emprender ese viaje, unidos en la adversidad entre golpes de mar, a pesar sus diversas creencias, nacionalidades e incluso idiomas. Finalmente, tras una agónica travesía de siete días, llega Suleiman a Canarias. Allí, al ser menor de edad, es hospedado en un Centro de Acogida y asiste a clase en un instituto donde con el tiempo logra hacer amigos e incluso llega a enamorarse de una compañera de clase. Al llegar a la mayoría de edad, la tozuda realidad de nuevo se muestra con toda su crudeza, y de pronto es expulsado del Centro, viéndose forzado a apañárselas como un “sin papeles” más, viviendo en un diminuto piso con otros de su misma condición, hasta que es detenido por la policía y repatriado a Mali.
El autor nos mete de lleno, sin contemplaciones y con una lúcida sencillez, en la piel de ese adolescente africano que ve en la emigración el único modo de dejar atrás la miseria y el hambre que lo rodea. Nos relata con una maestría cargada de crudeza, el aterrador viaje que debe afrontar un inmigrante, en unas condiciones tan penosas que a menudo a muchos les cuesta la vida, hacinados en camiones o en cayucos en medio del mar. Lozano, nos muestra además, con un amargo realismo, que la tragedia personal del inmigrante no acaba cuando llega a Europa, sino que aquí han de seguir luchando por regular su situación, por conseguir unos “papeles” que les permitan no ser expulsados o poder eludir ser perpetuamente condenados al invisible limbo una vida de segunda.
Antonio Lozano, explicó en la reunión que siempre se ha sentido muy concernido por el fenómeno de la inmigración clandestina, y que en un momento determinado sintió la necesidad de escribir esta novela para poner al lector en contacto con el mundo interior del emigrante, y poder atisbar así sus más intimas motivaciones. Ha ese respecto hay que decir que consigue totalmente que el lector pueda meterse en la piel de Suleiman, gracias sobretodo a su sencillo y genial estilo, que a pesar de tratar temas muy duros, logra rehuir los detalles tremendistas, recreando el sufrimiento y dolor humano con una sagaz sutileza que nos permite deslizarnos sobre el drama sin caer en el morbo fácil.
Alguno de los miembros del CLUB DE LECTURA nos interesamos por la elección del final de la novela, ya que éste resulta verdaderamente agrio y desasosegante, revelando el autor que lo que pretendía con ello era redundar en la realidad que quiere mostrarnos, dado que es así como terminan muchos de los casos reales.
A pesar de que esta novela ha sido publicada por Anaya en una colección juvenil, no fue pensada en su origen para los jóvenes, sino que han sido sus importantes virtudes didácticas las que han provocado que sea una obra muy leída y comentada en los institutos. Además de ser una novela muy clara y directa que permite escudriñar los tópicos que existen sobre la inmigración, también podemos encontrar en ella las causas y las consecuencias de ese fenómeno, y sobre todo, lo más importante, que nos invita a que sigamos haciéndonos preguntas sobre “el otro”. Si esas preguntas sirven para generar la reflexión y el debate entre los lectores más jóvenes, tendremos entonces una herramienta fundamental para educar, y luchar contra los estereotipos y las visiones sesgadas que, sobre el tema de la inmigración, a diario nos ofrecen los medios de comunicación. En este sentido didáctico, la novela se complementa a la perfección con la película “14 kilómetros” del director malagueño Gerardo Olivares, que ganó en 2007 la Espiga de Oro en la Semana Internacional de Cine de Valladolid , y la cual tuvimos la oportunidad de ver en la Sala de Usos Múltiples de la Biblioteca, momentos antes de nuestro encuentro literario.
Me llamo Suleiman” es por tanto un libro muy necesario en los tiempos que corren. La literatura, en este caso, nos permite abordar el tema de la inmigración desde una perspectiva concreta, la de ese joven que cruza medio continente en busca de un sueño que, como casi siempre, se torna en quimera, interpelándonos además a que tratemos de solucionar ese mutuo desconocimiento en el que vivimos inmersos. Los europeos siempre hemos vivido de espaldas a África, con un enorme desconocimiento, incluso en el ámbito geográfico, de todo lo que atañe a este continente. En nuestro inconsciente colectivo (en algunos no tan inconsciente…), aun anida las idea del africano como salvaje al que hay que civilizar, y una vez en nuestras ciudades se convierten en seres invisibles, hombres y mujeres a los que difícilmente ponemos rostro. Sólo gracias a obras como ésta, dejan de serlo, ya que gracias a ellas les ponemos nombre, consentimos que nos cuenten sus historias y nos permite verlos como los seres humanos que son.
No cabe duda que la inmigración es uno de los grandes dramas contemporáneos de la humanidad y cuyo remedio no ha de venir de la mano solamente por la asistencia humanitaria, sino que requiere soluciones más estructurales y de fondo en sus países de origen.
Y mientras tanto, Europa no hace otra cosa que mirar hacia otro lado, y amurallarse tras el grito de Ausländer raus¡, para impedir que la fortaleza sea asaltada por oleadas de nuevos bárbaros, enemigos llegados para destruirnos o para vivir a nuestras expensas.
( Ya sabemos que las vallas más difíciles de saltar son siempre las que erige la incomprensión y la indolencia).
Domingo Nofuentes Hdez. (Mayo, 2016)






jueves, 26 de mayo de 2016

Día de África 2016

Día de África, 25 de mayo de 2016

La Biblioteca ha organizado una serie de actividades para celebrar este día. Una visita  al centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Ceuta con Antonio Lozano, autor de "M
e llamo Suleimán" donde se puso en escena una versión dramática de la novela, protagonizada por  residentes del centro.
Por la tarde la proyección de la película "14 kilometros" y el encuentro del club de lectura y otros asistentes con Antonio Lozano para hablar sobre su obra. La sala infantil, también se unió a esta celebración con un cuentacuentos especial sobre África.






















Puedes ver más fotos del evento en flickr

miércoles, 16 de marzo de 2016

LA MUJER ROTA” de Simone de Beauvoir.

Por: Domingo Nofuentes Hernández


La mujer no nace, se hace”. Ésta es sin duda una frase para la Historia, una consigna más bien, que significó el principio de un nuevo y largo camino para la mujer en la sociedad contemporánea; el de la demanda de la revolución feminista. Su autora, Simone de Beauvoir, de la que el próximo día 14 de abril se cumplirán veinte años de su muerte, fue una figura esencial en la reivindicación de los derechos de la mujer en la segunda mitad del siglo pasado, y a pesar de esas dos décadas que han transcurrido desde su fallecimiento, sus ideas siguen estando ahora tan vigentes como antes. El pasado día 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer, para nuevamente reclamar que la igualdad sea ya, de una vez por todas, una realidad laboral, económica, cultural y social (ojalá no hubiese nada que celebrar, nada que reivindicar y el 8 de marzo fuese un día más…) . Y para unirnos a los múltiples actos que se han llevado a cabo por tal motivo, EL CLUB DE LECTURA de la Biblioteca Pública del Estado “Adolfo Suarez”, programó la lectura de la obra “La mujer rota” de Simone de Beauvoir.
Para los que no les resulte conocida la figura de esta insigne mujer, someramente podemos mencionar, que Simone de Beauvoir (París, 1908-1986) fue una pensadora, filósofa y representante del movimiento existencialista francés. Estudió en la Sorbona donde conoció a Jean-Paul Sartre, que sería su pareja sentimental durante el resto de su vida, aunque nunca fueron una pareja al uso (como muy oportunamente apostilló Rosario Vicente, Coordinadora de Proyectos de DIGMUN , “al lado de toda gran mujer siempre hay un gran hombre”). En sus primeros años se dedicó a la docencia en los liceos de Marsella, Ruan y París, participando intensamente en los debates ideológicos de la época como la intelectual comprometida que era. Fue fundadora junto a Sartre, A. Camus, y M. Merleau-Ponty, entre otros, de la revista Tiempos Modernos, cuyo primer número salió a la calle el 15 de octubre de 1945 y se transformó en un referente político y cultural del pensamiento francés de mitad del siglo XX. Escribió gran cantidad de novelas y ensayos obteniendo en 1954 el Premio Goncourt por su novela “Los mandarines”. Entre sus ensayos cabe destacar “El segundo sexo”, un libro que fue tildado de subversivo cuando apareció en los años cincuenta y que resultó ser una obra capital que se convertiría en un pilar básico en la construcción de la pretendida nación feminista. En “El segundo sexo” (1949), la autora francesa lleva a cabo un profundo análisis sobre los roles que desempeñan las mujeres en la sociedad, en un intento por hacer ver y comprender , entre otras muchas cosas, que el papel de los hombres y las mujeres no está determinado de forma absoluta en todas las civilizaciones, sino que éstos varían según los pueblos y las culturas. La apuesta de Simone de Beauvoir para conseguir esa igualdad pasaba por batirse en dos frentes: concienciar a la mujer de que su papel es tan solo una construcción social imaginaria a base de tópicos y mitos creados por los hombres, y exigirle al hombre una revisión de sus perspectivas.
En “La mujer rota”, en cambio, la autora nos plantea tres relatos (La Edad de la Discreción, Monólogo y La Mujer Rota ), independientes entre sí, y con los que aborda la vida de tres mujeres, que por una u otra razón, se hallan en una encrucijada trascendental de sus vidas , donde las protagonistas se debaten entre la soledad, la desolación, la angustia, y la agonía del amor. En La Edad de la Discreción, escrita en primera persona, la protagonista es una catedrática de literatura, militante del Partido Comunista, casada con un científico, y que no se resigna a que su hijo, ya casado, dé un giro a su vida en un sentido contrario al que ella le había marcado. A través de sus ojos descubrimos la angustia que le produce la llegada de la senectud, sus temores acerca de que su matrimonio caiga en la mutua indiferencia y el modo en que percibe con perplejidad que el mundo está cambiando rápidamente a su alrededor. Al final termina reflexionando sobre si la vejez puede ser el comienzo de otras muchas cosas, no necesariamente el final, y planteándose que ha de aprender a vivir día a día, sin mirar demasiado lejos.
Monólogo es una historia corta, dura y llena de resentimiento en el que una mujer desesperada, sola y abandonada se cuestiona cómo ha llegado su vida a ese punto. Éste relato está construido como un solo párrafo, sin signos de puntuación, muy a la manera del flujo de consciencia, logrando así acentuar en el lector esa sensación de vertiginoso torbellino en el que se haya inmersa la protagonista.
La Mujer Rota, es el relato más largo de los tres y del que toma el nombre el libro. En él, Monique, a modo de diario (que comienza a escribir desconcertada por la soledad que siente ), nos hace un esbozo de su vida, una vida marcada por dejar sus estudios al casarse y enfocada única y exclusivamente a su marido e hijas. Ahora, con sus hijas ya mayores y emancipadas, retoma la escritura de ese diario, como a los veinte años, rejuvenecida por cierto sentimiento de libertad, con la intención de cultivar la “atención a la vida” y muchos proyectos en la cabeza. Pero una noche, su marido Maurice (médico de profesión) le confiesa que está viviendo una aventura con una joven, brillante y ambiciosa abogada. En ese momento su mundo se le vuelve del revés, comprobando asimismo que no ha sido ésa la única infidelidad de su marido a lo largo de estos años y evidenciando por sí misma que muchas mujeres “viven equivocadas al pensar que ciertas cosas no pueden sucederle , pero lo hacen”. Poco a poco, es consciente de que una distancia insalvable se ha instalado entre ellos dos, cayendo en una profunda desesperación que provoca que se deje definitivamente invadir por la ansiedad y el rencor. Con 44 años, sin profesión, y siendo consciente de que su vida familiar ha sido su único objetivo vital , Monique, va lentamente hundiéndose en la desilusión, atenazada por el miedo.
El debate del CLUB DE LECTURA sobre este magnifico libro se abrió con la lectura de un Manifiesto, con ocasión de la celebración del Día de la Mujer, elaborado por nuestra compañera Carmina y seguido de un espléndido y lúcido poema leído por su autora, nuestra muy querida amiga María Jesús Fuentes. Como suele ser habitual, la tertulia sirvió para ahondar mucho más en las diferentes lecturas que nos puede ofrecer esta obra, aportando cada uno de los miembros su punto de vista, lo que nos llevó inexorablemente a debatir y reflexionar sobre muchas y variadas cuestiones, tales como las connotaciones machistas del lenguaje como fiel reflejo de los condicionamientos que nos imponen los roles, o sobre las diferencias entre feminismo y la misandria o “hembrismo” (palabra construida en analogía a la palabra machismo). En lo que sí nos mostramos de acuerdo la mayoría fue en que con este libro, primorosamente escrito, Simone de Beauvoir pretende criticar tres patrones de mujer bien diferenciados; mujeres burguesas que sufren un modelo matrimonial dependiente ,que han vivido supeditadas a los demás, que a pesar de estar fuera del rango de la marginación evidente que sufren otras mujeres (como pueden ser las mujeres de la clase obrera) , también lo están, y la autora les reprocha que deben ser ellas las que verdaderamente pueden cambiar la sociedad y deben tirar del carro de la igualdad. Las protagonistas son tres casos muy concretos, pero también atemporales, sirviéndose Simone de Beauvoir de ese modo de la literatura como instrumento para explicar la realidad , una realidad muy conectada con su propia vida, pero al mismo tiempo que consiga inducir en el lector una necesidad de revisar sus propias perspectivas. Y es que en la mayoría de ocasiones, narrar, elaborar un discurso sobre la realidad, suele ser la mejor manera de cambiarla.






Domingo Nofuentes Hdez. (Marzo 2016)