miércoles, 3 de julio de 2019



COMPARTIENDO MEMORIAS
EL PORVENIR DEL OLVIDO. SAGA DE UNA FAMILIA SEFARDÍ”

La Tía Tula vivió noventa y tres hermosos y bellos años, porque ella puso esos adjetivos a las fechas del calendario de todas sus horas sobre esta tierra” (pgna. 7)
La novela de Ángel Castro, “El porvenir del olvido. Saga de una familia sefardí”, es muy buen ejemplo, literario, del pasado que tenemos presente, de la importancia y el valor de la memoria en su lucha contra el olvido, sea éste provocado, interesado o natural.
A través de la construcción y evolución de una familia judía, desde comienzos del siglo XX hasta la actualidad, se trata, también de la configuración urbana, social, cultural, económica y política de una ciudad, Melilla, “espacio-frontera” entre muchas cosas y paradigma, por distintos motivos, de lugares para la memoria, ese pasado que tenemos a nuestro alrededor y que van adquiriendo distintos significados a lo largo de la novela, que podemos considerar como una crónica de la historia reciente de la ciudad.
El compromiso del autor con su ciudad, con distintos lugares, tiempos y protagonistas que han ido configurándola, es manifiesto a lo largo de toda la novela. A los que, como es mi caso, conocemos Melilla, la hemos ido aprendiendo y apreciando cada vez más y más a lo largo de distintas visitas, la novela puede servirnos para comprenderla mejor, compartir una cierta complicidad con ella y humanizar distintos lugares que, a la luz de la lectura, adquieren nuevos significados.
Aún cuando los hechos históricos no son el eje fundamental de la novela, sus referencias sirven para ayudarnos a movernos por el tiempo, apreciando la evolución de distintos lugares, personajes, comportamientos, relaciones sociales y familiares, actitudes y, especialmente, usos amorosos, la liturgia del amor, eje importante a lo largo de toda la narración, que va evolucionando con el desarrollo socio-cultural, desde la manifestación contenida y convencional del amor en Jayim y Estrella, al comienzo de la obra, hasta la eclosión pasional de David (descendiente del primero y relator de la historia) y Marina.
No soy judío y, por tanto, con poca autoridad puedo decirlo, pero, desde fuera de esta comunidad, creo que el autor ha sabido caracterizar muy bien aspectos de su modo de vida. Esta comunidad, tanto en Melilla, escenario de la novela, como en la ciudad desde la que escribo y leo, Ceuta, tienen una gran importancia en nuestra historia reciente, es muy difícil entender el desarrollo de estas ciudades sin tomar en consideración la aportación judía.
La caracterización de los personajes merece una atención especial. Son muchos, con distinta relevancia, los que transitan por sus páginas, por lugares y tiempos melillenses, a modo de novela coral; personajes que se van haciendo entrañables, guiados magistralmente por el autor, que los mima con su escritura, y por el lector, que los va haciendo un poco suyos. Historias sensibles sin caer en la sensiblería, afectos y emociones que pueden despertar sanas envidias en quien lee; me gustaría detenerme en Ismael Pinto, ejemplo de un tipo ciudadano de la Melilla (o Ceuta) de la primera mitad del siglo XX, con un pasado oscuro del que huye, emigrante “forzoso” desde el sur peninsular, que vive, al principio de manera forzada, pero después se arraiga, con gusto, en la ciudad. Este colectivo, el de los inmigrantes peninsulares, especialmente de las provincias andaluzas vecinas (Cádiz y Málaga, fundamentalmente), también son imprescindibles para comprender nuestras ciudades, en un tiempo en el que el Protectorado español en el norte de Marruecos atrajo a numerosas personas buscando prosperidad. Un siglo después, el viaje se hace en sentido inverso, los inmigrantes nos llegan desde el Magreb y el África subsahariana y muchos melillenses y ceutíes se marchan a la península y a otros países europeos, buscando esa prosperidad que antaño aquí encontraron sus ascendientes. La deformación profesional me lleva a destacar la figura de Don José Delgado, maestro, que vive junto a sus hermanas, muy bien caracterizado por el autor, también docente, como una figura entrañable, referente social, honesto, humilde, educado, culto, solidario y comprometido con su entorno, austero y generoso…. Un buen canto a la profesión.
Son muchos los espacios melillenses en los que se desarrolla la novela, convirtiéndolos, el autor, en “lugares para la memoria”, quiero destacar uno, “El café La Peña”, lugar de encuentro y reunión de personas progresistas, destruido tras el golpe de estado de 1936 y en cuyo lugar se erigió un monumento franquista, que aún hoy persiste, a los “héroes de España”, en una plaza del mismo nombre, ¿aplicará el nuevo gobierno de la ciudad, recientemente constituido, la Ley de Memoria histórica?
Sin ser pretensión fundamental, la novela posibilita conocer y comprender aspectos básicos de la ciudad, la actual y, sobre todo, la que ha ido configurándose a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI, en definitiva, en gran medida, somos lo que fuimos. Así, encontramos en sus páginas reflexiones muy interesantes y acertadas sobre Melilla, su pasado, presente y futuro, la integración de la población de origen rifeño, la reorientación económica, la adaptación a la nueva situación geopolítica, las relaciones con el entorno marroquí, la mirada al monte Gurugú y a ese mar que la envuelve y del que no se ve el fin….
La nostalgia y la melancolía se van haciendo presentes a lo largo de la novela, dependiendo, su grado de importancia, de quien lee. No es aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero sí la importancia de recordarlo, valorarlo y aprender de él.
Melilla debe sentirse orgullosa de tener una novela como esta, que ayuda a quererla más, a conocerla, a profundizar en ella…. Hay que agradecer a su autor, Ángel Castro, su compromiso con su ciudad, el regalo que nos hace y animarlo a que siga escribiendo, narrando historias e implicando, tan bien como con ésta, a lectores.
En el club de lectura de la Biblioteca pública de Ceuta se ha leído la novela en dos ocasiones, la segunda muy recientemente, teniendo la oportunidad de realizar un doble encuentro con el autor, el primero en Ceuta, y algunos días después, en Melilla, visitando y recreando, junto a él, distintos escenarios de la novela, todo un privilegio y un placer para los sentidos.



Ramón Galindo Morales. Profesor de la Universidad de Granada (Campus de Ceuta). Miembro del Instituto de Estudios Ceutíes



lunes, 29 de octubre de 2018



Carolina Cáceres Rodríguez - Club de lectura

LAS HIJAS DEL CAPITÁN, MARÍA DUEÑAS.

Las hijas del capitán es una novela que según nos cuenta personalmente su autora, nace de la necesidad de reivindicar las historias de nuestros inmigrantes españoles en distintas épocas y escenarios a lo largo de la historia. La inmigración de españoles que se produce hacía los Estados Unidos a partir de los años veinte , no había sido hasta el momento especialmente reivindicado. Las miles de historias de los hijos y nietos de aquellos primeros inmigrantes que llegan hasta Nueva York, dónde mayormente se centran las historias de la novela, llenan a ésta y a la autora, de un sentimentalismo y nostalgia que deben pasar por un ejercicio de concreción y estructuración difíciles de llevar a cabo. Personalmente opino que la fuerza de esta historia al igual que en otros libros de María Dueñas está en la descripción, sin querer quitarle fuerza a los personajes o la historia, la capacidad de describir paisajes y situaciones es el don de esta novela y de su autora y del que se debe disfrutar por encima de todo lo demás.
Respecto al encuentro de nuestro Club de Lectura con María Dueñas, si algo nos cautivó, al menos a la mayoría fue su cercanía, su forma de explicar de forma dulce y paciente, de escuchar y responder a preguntas sencillas, más complicadas, observaciones y alguna crítica sobre algún personaje. Si alguien dijera esa frase que tan poco me gusta de: “le va en el sueldo” o “sólo faltaría”, yo respondería que sólo tal vez con ese tipo de frases hemos conseguido crear profesionales de la promoción que ocultan a la persona, y éste no fue el caso.



Las hijas del Capitán de maría Dueñas. Domingo Nofuentes


LAS HIJAS DEL CAPITAN” de María Dueñas.

Por: Domingo Nofuentes Hernández



La historia de las migraciones existe desde que el mundo es mundo. Aún hoy, en pleno siglo XXI, por desgracia, somos testigos a diario de lo contumaz e incesante de esos flujos migratorios. España, por su parte, también ha sido un país de emigrantes. No hace demasiados años, millones de compatriotas, se embarcaron en el arduo afán de cruzar océanos y fronteras para empezar de nuevo en un lugar al que eran del todo ajenos. Actualmente, nuestro país, ha cambiado tanto que a veces incluso nos cuesta reconocernos en la mirada de esos otros, los que ahora llegan a nuestra tierra con idéntico anhelo y las mismas historias a cuestas. Pero si en algo se parecen todas esas historias, si en algo convergen, es en los sentimientos de desarraigo, nostalgia y destierro que acarrea la búsqueda de una vida mejor en una nueva tierra de promisión.
Y de eso es precisamente de lo que nos habla María Dueñas en su última novela “Las hija del Capitán” (Ed. Planeta), la novela que se planteó discutir para este mes en el CLUB DE LECTURA de la Biblioteca Pública del Estado “Adolfo Suárez ”. En esta ocasión, los miembros del CLUB tuvimos el enorme privilegio de poder contar con la presencia de la escritora manchega que, con su voz cálida y cercana condición, permitió a los presentes poder adentrarnos en algunas de las muchas e interesantes cuestiones que plantea esta novela.
María Dueñas (Puertollano, 1964), para quien aún no conozca su obra y a modo de sucinta referencia podemos mencionar que es doctora en Filología Inglesa y tras dos décadas de vida dedicada a la enseñanza irrumpió en el mundo editorial en 2009 con “El tiempo entre costuras”, novela que se convirtió en todo un éxito de ventas. Con sus posteriores novelas, “Misión Olvido” (2012) y “La Templanza” (2015), María Dueñas a continuado siendo una de las autoras que más ejemplares ha vendido en todo el mundo (seis millones de ejemplares entre las tres novelas).

Con “Las hija del Capitán”, su cuarta novela, nos sitúa en esa épica cotidiana de aquellos emigrantes que se marcharon a la gran urbe que ya era Nueva York en los años treinta del siglo XX. Con su habitual prosa ágil y envolvente, nos traslada hasta el Nueva York del año 1936, donde un malagueño algo tarambana, llamado Emilio Arenas, harto de deambular por el mundo, abre una casa de comidas, “El Capitán”, en plena calle Catorce, epicentro de la extensa colonia española que por aquel entonces residía en la ciudad. A él se le unen su esposa y tres hijas, huyendo de un desahucio y del desangelado escenario de penurias y miseria que les ofrece Málaga. Una vez junta toda la familia en la ciudad de los rascacielos, tratarán de sacar adelante un negocio medio ruinoso, cuando la desgraciada muerte del padre, que sufre un accidente en el puerto, obligará a las mujeres a tomar las riendas del negocio mientras esperan la cobranza de una indemnización.
Las tres jóvenes, Mona, Luz y Victoria, “Las hijas del Capitán”, tratan entonces de reconvertir el negocio en una desesperada necesidad de subsistir en una urbe tan deslumbrante como hostil (…y hasta ahí puedo leer, no pretendo “destripar” la novela a quien aun no la haya leído). La acción transcurre en apenas seis meses pero en ese periplo incluye personajes reales como D. Alfonso de Borbón y Vetenberg (primogénito de Alfonso XIII y enfermo de hemofilia) , el músico Xavier Cugat, y el doctor Castroviejo ( afamado oftalmólogo riojano), entre otros.
Del mismo modo que en sus anteriores novelas, María Dueñas, ha escogido un escenario histórico, en este caso el fascinante Nueva York de los años treinta, para tratar temas tan actuales y universales como la emigración, la pobreza, o el abuso y el acoso hacia las mujeres como parte más vulnerable de la sociedad. Pero es sobre todo una novela donde los personajes femeninos crecen ante nuestros ojos; donde al principio encontramos a tres chicas timoratas, cohibidas y sobrepasadas por las circunstancias, después nos damos de bruces con tres mujeres solventes y luchadoras, capaces de soportar los golpes de la vida y de abrirse a nuevos caminos con coraje y dignidad.
Otro punto fuerte de la novela es su exquisita ambientación de la Calle 14, en Cherry Street, y de algunas zonas de Brooklyn, donde se entrecruzan las vidas de los personajes, lo que por otra parte, permite que la acción no decaiga en ningún momento.
Como contrapartida, y desde mi particular punto de vista, a pesar del protagonismo femenino coral del que hace gala, encuentro que algunos personajes secundarios no poseen la profundidad que deberían, y algunas escenas quizás puedan resultar demasiado previsibles y deslucidas a un lector más avezado.
Con todo es una magnifica novela que, a pesar de sus más de 600 páginas, resulta amena , y puedo dar fe de que ha cautivado no solo a sus lectores incondicionales, sino también a algunos de los miembros de este CLUB DE LECTURA.







miércoles, 4 de abril de 2018


ANA MORENO

Me parece una estupenda novela, con al menos, dos partes muy diferenciadas, en fondo y forma. La primera, casi novela negra, con las peripecias de Conde, en la Habana. La segunda, abundante en hechos históricos, con marcado carácter religioso descriptivo y razonamientos filosóficos.
No me ha dado tiempo  de terminarla, pero creo que es la mejor de las tres que he leído de Padura. Riqueza verbal, de lugares, de momentos y personajes tanto reales como ficticios. Me está gustando mucho.

jueves, 14 de diciembre de 2017

LÁGRIMAS EN LA LLUVIA” de Rosa Montero.

Por: Domingo Nofuentes Hernández.


La literatura es siempre una expedición a la verdad”, escribió Kafka. Los aficionados a la lectura entendemos que en gran medida leemos para intentar comprendernos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea, para conocer algo más acerca de nuestras contradicciones, miserias y grandezas, de lo que nos hace humanos. La literatura nos permite sumergirnos en un mundo desconocido en el que explorar escenarios y sentimientos a los que de otra forma no podríamos asomarnos, e incluso trasladarnos a mundos inimaginables sin tener que movernos siquiera del sillón. Pero si la literatura desde La Odisea, ha tratado siempre de describir el mundo tal y como es, solo un género se ha propuesto representar el mundo como podría ser: la ciencia ficción. La ciencia ficción abarca toda clase de relatos; aventura, comedia, drama, misterio, terror, etc, pero su particularidad viene dada por el hecho de que sitúa la acción en unas coordenadas espacio-temporales imaginarias y diferentes a las nuestras. Así todo, lo que sigue haciendo tan interesante a este género literario es que continúa siendo capaz de crear escenarios que inspiren debates filosóficos, sociales o científicos sobre la naturaleza del hombre y de la sociedad, e insiste en plantearnos dudas, en señalarnos peligros o en estimularnos a que indaguemos en busca de respuestas.
Tal es el caso de la novela que se propuso este mes para ser comentada en el CLUB DE LECTURA de la Biblioteca Pública del Estado en Ceuta. “Lágrimas en la lluvia” (Seix Barral, 2011), de la escritora madrileña Rosa Montero, es una novela que podríamos alojar en la tradición del género negro o del thriller policiaco, sino fuese porque su trama transcurre en el Madrid del año 2109. La protagonista, Bruna Husky, es una detective que se ve envuelta en un caso con tintes conspiratorios cuando intenta esclarecer la autoría de unas muertes en extrañas circunstancias. Pero no reside en esta trama criminal la verdadera fuerza de la novela, sino en el paisaje de fondo que construye la escritora, un mundo imaginario pero coherente y apasionante, donde son cotidianos los viajes interplanetarios y la teleportación , donde hay unos androides orgánicos creados por los humanos (con sentimientos iguales a los humanos pero con ciertas mejoras físicas) a los que llaman replicantes, en clara alusión a la película “Blade Runner” de Ridley Scott. La detective Bruna Husky es una de esas replicantes o tecnohumanos , los cuales a pesar de que son creados cuando cuentan con unos veinticinco años de edad y por tanto morfológicamente adultos, sufren una especie de cáncer agónico que provoca su muerte pasados diez años. A estos seres sintientes (en la terminología de la novela) le son implantados recuerdos, memorias artificiales, que en cierto modo sirve para estabilizarlos y que tengan una personalidad más definida. A pesar de que legalmente tienen los mismos derechos que los humanos, existe un latente especismo del que derivan continuamente problemas de convivencia avivados por el supremacismo de algunos colectivos humanos.
Para que el lector a su vez pueda contextualizar ese mundo futuro, la autora utiliza el recurso de intercalar el trabajo de un Archivero, amigo de Bruna, que se encarga de revisar ante nuestros ojos ciertos episodios históricos, los cuales están siendo modificados subrepticia e interesadamente por alguien desconocido con la intención de manipular a las masas en contra de los replicantes.
A pesar de que Rosa Montero nos sumerge en un futuro instalado en el colapso ecológico (cada uno ha de pagar la calidad del aire que respira…) , sumido en una crisis económica, donde el integrismo religioso y las luchas de ideologías extremistas utilizan continuamente el odio como arma de su oportunismo político, la novela se nos revela como un relato de supervivencia, sobre la moral y la ética individual, sobre el amor y la necesidad del otro. La autora nos invita a la reflexión en distintos planos y sin pátinas moralistas de por medio, desde temas más livianos como son algunas preocupaciones contemporáneas insertadas en esa tramoya futurista (las desigualdades sociales, la catástrofe medioambiental, etc), hasta asuntos tan trascendentales como el miedo a la muerte o la importancia de la memoria. Es a través de la protagonista, Bruna, y de la angustia que le produce saber el tiempo que le queda por vivir, de donde surgen las reflexiones más interesantes acerca de la muerte y del miedo que produce, de la búsqueda de respuestas cuanto ésta se aproxima, de cómo los replicantes viven enfrentados a su final, mientras los humanos se las apañan para mirar a otro lado. Y también de la naturaleza maleable de la memoria, ya que los replicantes viven instalados en una ficción basada en unos recuerdos implantados artificialmente por los memoristas (si nuestra identidad se basa en nuestra memoria, ¿qué pasaría si ésta cambiase?). Es también, al mismo tiempo, una novela política, en su sentido más profundo, donde se reflexiona sobre el poder y sus excesos, incluso sobre cómo la democracia se ha transmutado en un sistema hipócrita, corrupto y desesperante.
Se trata, en definitiva, de una magnifica novela narrada magistralmente, bien construida y con algunos momentos entrañables, aunque como suele ocurrir en las reuniones del CLUB DE LECTURA, las opiniones fueron dispares al respecto. En esta ocasión a penas hubo término medio, desde a los que nos sedujo y fascinó completamente, hasta a los que les resultó indigesta su lectura. Y esto quizás se deba a que la ciencia ficción es una propuesta que requiere generalmente un salto conceptual, y a priori, una actitud de franca receptividad y amplitud de miras por parte del lector, que debe encarar el esfuerzo intelectual de comprensión y asimilación de los conceptos y escenarios fantásticos que se nos muestran en la novela.
Ningún género literario a lo largo del siglo XX y XXI ha influido transversalmente tanto en el diseño, la arquitectura, la moda, la ingeniería, la música y el cine como la ciencia ficción. Su fama como vehiculo de entretenimiento a menudo no deja vislumbrar su eficacia como prodigiosa herramienta para hablar de cosas de aquí y ahora, pero de una manera que aterre menos, casi en clave de fábula, como tradicionalmente ha ocurrido desde el Frankestein de Mary Shelley (1818), pasando por los grandes maestros, como pueden ser Julio Verne y H.G. Wells. Pese a que éste género ha sido defendido por numerosos y prestigiosos expertos, y es muy demandado en otros países, en España continúa siendo un género confuso para el gran público, de escasa comercialidad y despreciado por casi toda la crítica académica española. Como ocurre en “Lágrimas en la lluvia”, la ciencia ficción no habla del futuro, sino de la condición humana, el gran tema de la literatura universal, junto con las historias que tienen que ver con el poder, con el amor, con la muerte…, las grandes cuestiones que nunca se agotarán, porque siempre ha habido héroes y villanos, e historias que contar a propósito de ellos.











miércoles, 25 de octubre de 2017

COLABORACION CLUB DE LECTURA

PATRIA” de Fernando Aramburu.

Por: Domingo Nofuentes Hernández.


Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir”, esa es una de las reflexiones que nos brinda el ya fallecido escritor José Saramago en su libro “Cuadernos de Lanzarote”, una consideración que por desgracia se desoye de continuo en un país como el nuestro. Es un hecho que, antropológicamente nos diferenciamos de otras especies por nuestra capacidad de aprendizaje, lo que está íntimamente conectado con nuestra memoria. Pero hay otra faceta en nosotros, la que nos viene dada como animales políticos que somos, que necesitaría ser revisada con urgencia: nuestra flagrante e interesada facilidad para olvidar. Como sociedad, ya sea por comodidad o por pura conveniencia, constantemente ponemos en marcha mecanismos cuyo único fin no es otro que consumar toda una política de desmemoria y ponerla al servicio de unos pocos intereses partidistas.
Es en ese punto, donde la literatura se puede convertir en una magnífica herramienta que nos permita ver, sentir y reflexionar por nosotros mismos sobre hechos de nuestra historia común, para tratar así de luchar contra el ominoso silencio que supone el olvido. Una novela puede ser muchas cosas. Un contenedor donde caben la imaginación, el ensayo, el testimonio, los recuerdos. Pero también es una manera de ordenar el caos, de luchar contra la desmemoria. O por los menos así parece que ha sido para el escritor Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) en su última novela  “PATRIA”  (Tusquets), libro que ha sido propuesto para ser comentado en el CLUB DE LECTURA de la Biblioteca Pública del Estado en Ceuta para nuestra reunión mensual. A través de esta obra, logramos adentrarnos en al alma de dos familias en el País Vasco, en los años del horror terrorista: dos hombres, dos mujeres y sus cinco hijos, unidos por una prolongada amistad que se rompe el día en que a uno de ellos, empresario, se le exige el pago del impuesto revolucionario, el día en que uno de los hijos del  amigo íntimo entra a formar parte de la organización terrorista ETA. La ruptura de esta amistad acaba convirtiéndose en símbolo de la fractura de un pueblo; unos, víctimas absolutamente inocentes; los otros, sus asesinos y sus cómplices. De un lado tenemos a Bittori, la mujer de Txato, un hombre humilde metido a gerente de una pequeña empresa de transportes al que en un momento dado ETA envía una carta exigiéndole el pago de una cantidad de dinero. Bittori es una mujer sencilla, poco ilustrada, muy religiosa y en ocasiones casi beata. Del otro lado está Miren, la madre del etarra, del miembro de ETA que participa en el asesinato de Txato. Ambas hablan con sus fantasmas interiores de manera muy directa; Bittori con su marido muerto (al modo de “Cinco horas con Mario” de Delibes) , Miren con San Ignacio de Loyola, pero a pesar de que se parecen mucho en su estructura mental terminaran por convertirse en dos polos completamente opuestos.
Como ocurre necesariamente en el seno de las reuniones del CLUB DE LECTURA, las opiniones sobre la novela fueron tan heterogéneas como en el fondo lo somos cada uno de sus lectores, lo que sin duda, es muy de agradecer, ya que de ese modo siempre las conversaciones y el debate son mucho más ricos en matices. Mientras que para algunos de nosotros se trata de una novela farragosa de leer, escrita en un lenguaje demasiado escueto, desprovisto de matices verdaderamente literarios, y cuya popularidad y éxito de ventas podría achacarse a los subterfugios mercantiles del mundo editorial, para otros (entre los que me incluyo) ha supuesto el encuentro con una gran novela, que se puede leer como un relato de ficción acerca de una historia real, en gran parte debido a que el autor ha sabido ponerse en la situación de los distintos actores que intervienen, pero que sobretodo, resulta un relato sobre las víctimas y la incesante victimización a la que son sometidas. Ofrece esta obra asimismo, muchos niveles de lectura, en los que el autor trata multitud de temas transversales, como el papel de la iglesia en el conflicto vasco, la tupida trama de control, extorsión y opresión a la que estaba sometidos las personas que no comulgaban con el ideario abertzale, la angustia que supone pasar toda una vida en la cárcel (Aramburu nos esboza a unos “malos” que son vulnerables, y a la vez responsables de su propia destrucción), etc. Pero por encima de todo podemos encontrar entre sus páginas una firme y constante llamada a la reflexión sobre la insensata costumbre de los seres humanos de creer que asesinando a los adversarios políticos se resuelven los problemas.

Como advertía Albert Camus en su ensayo “ El mito de Sísifo” , cualquier tipo de terrorismo tiene una única raíz: el fanatismo, esa forma de ceguera ideológica y depravación moral que ha hecho correr tanta sangre e injusticia a lo largo de la Historia. Así pues, en “PATRIA”, ese fanatismo rezuma por todos lados, desde cómo se dirige hacia los jóvenes simpatizantes del bando etarra arrastrados al asesinato por absurdas consignas (los jóvenes son siempre los eslabones más débiles de la cadena), pasando por la sistemática tergiversación de la realidad, hasta el modo en que ese fanatismo es tan intenso que quiebra uno de los lazos más fuertes que es capaz de tejer el ser humano; la amistad que existe entre las dos familias protagonistas.

lunes, 24 de abril de 2017


LA SOMBRA DEL VIENTO” de Carlos Ruiz Zafón.

                  Por: Domingo Nofuentes Hernández.


He de confesar que como norma general, suelo evitar las relecturas, excepto con contadas excepciones. Lo que sí se me ha hecho costumbre es releer cada cierto tiempo algunas obras clásicas, o algunas otras que yo considero fundamentales. Ya sé que a menudo releer una obra te puede permitir descubrir otros matices que en su momento pudieron pasar desapercibidos al lector, pero en otras muchas ocasiones, volver a enfrentarse a una lectura que se leyó con entusiasmo a los veinte años puede resultar decepcionante, bien porque con la edad nos volvemos más resabiados, bien porque algunos textos no aguantan decorosamente el paso del tiempo. Por dicha razón, principalmente, es por la que prefiero guardar de algunos libros un buen recuerdo difuso, como se guarda de ciertos amigos.
De ahí que cuando se propuso en EL CLUB DE LECTURA de la Biblioteca Pública del Estado “Adolfo Suarez”, abordar la lectura de “LA SOMBRA DEL VIENTO” (Ed. Planeta, 2001) de Carlos Ruiz Zafón, despertara en mí ciertos sentimientos contradictorios, ya que leí la novela hace algunos años, coincidiendo con su publicación e influenciado por la gran popularidad que adquirió entre los lectores gracias al boca-oreja, y me dejó cierto regusto insulso.
Para aquellos que desconozcan la obra solo mencionar que fue el primer éxito de Juan Carlos Ruiz Zafón (Barcelona, 25 de septiembre de 1964) , que ganó varios premios a nivel mundial (Premio Fundación José Manuel Lara, Prix de Sait Emilion en Francia, Gumshoe Award en Estados Unidos, Premio de los Lectores en Holanda, …) y se convirtió al poco tiempo en uno de los libros más vendidos y traducidos de todo el mundo. Fue el punto de partida de una serie al que le seguirían otras tres novelas mas: El juego del ángel (2008), El prisionero del cielo (2011) y El Laberinto de los Espíritus (2016)..
A modo de somero resumen podemos referir que el relato está ambientado en una lúgubre Barcelona de posguerra en la que nos topamos con un muchacho, Daniel Sempere, el narrador-protagonista, huérfano de madre y al que su padre conduce una mañana del año 1945 a un misterioso lugar oculto en pleno corazón de la ciudad; el cementerio de los libros olvidados. Allí Daniel encuentra un libro que cambiará el rumbo de su vida, la obra titulada como “La sombra del viento” y escrita por un escritor desconocido y enigmático llamado Julián Carax. La novela y el autor pronto acaparan toda la atención de Daniel, que se lanza a indagar sobre sus orígenes. Todo ello lo conducirá a toparse con personajes sorprendentes, extravagantes y perversos, entrando así en una espiral de peripecias, intrigas y secretos que lo llevan a deshilar la historia poco a poco a lo largo de sus más de quinientas páginas.
Como suele ocurrir indefectiblemente entre los miembros del Club de Lectura, en la reunión encontramos tantas opiniones y tan dispares que avivaron desde el principio la conversación y el debate, eso sí, argumentando convenientemente cada uno de nosotros nuestras apreciaciones. Mientras que para algunos de nosotros no es sino una novela del montón (entono el mea culpa), con un estilo que a menudo se torna inverosímil e impostado, a los que les parece inexplicable que haya tenido tanto éxito de ventas, achacándolo sin duda a cuestiones “extraliterarias” y que muy probablemente tienen más que ver con el marketing que con sus dotes prosísticas, para otros, por el contrario, se trata de una magnifica obra entroncada con la mejor novela decimonónica de ecos costumbristas a la manera de Dickens o Galdós, repleta de poéticas descripciones , de profundas reflexiones y de frases dignas de ser subrayadas, que trata grandes temas como la amistad, el poder o el amor.
En lo que la mayoría sí nos mostramos de acuerdo, más allá del gusto literario de cada cual, fue en que en cierto sentido se trata de una novela de novelas, es decir, congrega en sus páginas multitud de géneros y códigos narrativos diferentes, es, cogiendo prestadas las palabras del propio narrador “[…] una de esas muñecas rusas que contiene innumerables miniaturas en su interior” (pag.19).
En efecto, y a poco que nos asomemos a su lectura, podemos detectar diferentes géneros que se entremezclan sin orden aparente, con ecos de la novela policiaca, la novela filosófica, la tragedia clásica, novela histórica, etc. El autor, a través de un eje genérico vertebrador con tintes de novela folletinesca ( con personajes maniqueos, lances exagerados, historias inverosímiles…) , y gótica (ambientes tenebrosos y oscuros con elementos sobrenaturales y personajes misteriosos) nos adentra en una estructura laberíntica, que además está repleta de digresiones en las que se agolpan multitud de recuerdos, reflexiones y anécdotas, que nos conduce a través de la acción. Es, asimismo, una novela de gran ritmo, entretenida, bastante bien escrita, y con una trama urdida de forma inmejorable a través de una excelente técnica literaria, que en ciertos pasajes nos hace evocar fórmulas cinematográficas (debido, sin duda, a la labor de escritor de guiones que ha estado desempeñando el autor durante tantos años en Los Ángeles). Otro gran acierto de la novela se encuentra en sus personajes secundarios, que son los que verdaderamente resultan más interesantes al lector, y sobre todo el personaje de Fermín, el atolondrado amigo de Daniel, vagabundo estrafalario y de buen corazón que a pesar de ser el más disparatado y sobreactuado de todos los personajes de la novela, es a través del cual salen a relucir los pensamientos más profundos y las verdades más universales ( y que nos recuerda en ocasiones vivamente al protagonista de “El misterio de la Cripta Embrujada” de Eduardo Mendoza). Pero quizás la clave para poder acercarnos a la técnica narrativa de Carlos Ruiz Zafón y entenderla en su medida, nos la brindó nuestro compañero Ilias, lector entusiasta de este autor, al hacernos reparar en que Ruiz Zafón utiliza en las novelas de esta tetralogía los mismos esquemas y el mismo canon empleado en sus novelas juveniles, llenos de elementos quiméricos y fantásticos, quizás con la velada pretensión de reenganchar a sus antiguos lectores.
Hemos de reconocer, pues, que se trata de una novela entretenida, cuya principal virtud reside en que consigue arrastrar al lector con la fluidez de su prosa y sus diálogos, y conducirlo a través de numerosos misterios, oscuras historias de familia, amores trágicos, venganzas y asesinatos, hacia un final en el que están abocados a converger los protagonistas del relato. Es, pese a todo, una novela de esas que merece la pena tomarla de la estantería y sentarse a leerla (o releerla) sin prisas, con todo sosiego.