jueves, 19 de febrero de 2015

TECHOS REDENTORES” de Manuel Cantera
por: Domingo Nofuentes Hernández




A aquellos a los que nos seduce la idea de escribir, de narrar historias, siempre nos surge la eterna pregunta de qué escribir; en ocasiones nos devanamos los sesos cuestionándonos de dónde podemos sacar una historia y unos personajes, o cómo hacer que estos resulten creíbles y llenos de matices, sin caer en la cuenta de que para crear personajes interesantes no hace falta ir a buscarlos muy lejos. La inmensa mayoría de nosotros tiene a mano hermanos, tíos o sobrinos, y los temas también están ahí. La experiencia de vivir en una familia es universal; ya sea por la intensidad de los sentimientos que se ponen en juego entre sus miembros o por la extrema complejidad de las relaciones que en ella convergen y se plantean, la familia sigue siendo uno de los grandes temas literarios. La familia, como decía Groucho Marx, es una gran institución, siempre y cuando te guste vivir en una institución (aunque aquí conviene aclarar que institution en inglés también viene a significar manicomio ).
Y es una familia, en este caso ceutí, sobre la que orbita la última novela editada en papel del escritor Manuel Cantera. En “Techos Redentores” (Ed. Alhulia), el autor perfila seis historias que confluyen en el mismo drama familiar; seis hermanas que, sin ser radicalmente distintas, gestionan de forma totalmente diferente sus propios fantasmas interiores. Con el propósito de comentar esta obra es para lo que nos reunimos los miembros del CLUB DE LECTURA de la Biblioteca Pública del Estado “Adolfo Suarez” el pasado día 17, contando para ello con la siempre amena e inestimable presencia del propio autor.
El título hace referencia a un poema de Kavafis, que sirve de exordio a la obra, y en la que nos avisa de por dónde va a ir la novela. En dicho poema, el poeta heleno nos exhorta a darnos una tregua y a que otorguemos la misma importancia al descanso que a las obligaciones, convocándonos a que busquemos refugio “bajo los confortables techos redentores”. A partir de ahí asistimos a la crónica del naufragio de una familia , muy convencional de puertas para afuera pero en el fondo totalmente desestructurada, tutelada con mano de hierro por un padre inflexible, militar de profesión, y a través de las voces de las seis hermanas (o cinco, mas bien), que mientras se preparan para la celebración del cumpleaños de una de ellas, se dejan arrastrar por los recuerdos de su infancia, haciéndonos partícipes de sus traumas y angustias más profundas. Construye así el autor un prisma hexagonal de seis capítulos, cada uno narrado en primera persona (menos uno de ellos) y a modo de monólogo interior, en el que nos son reveladas las emociones, las fantasías, las imágenes y la memoria de cada una de las protagonistas, con saltos asociativos en el pensamiento y en el tiempo, muy al estilo de la gran “Juanita Narboni”.
En una apreciación en la que la mayoría de los miembros del CLUB DE LECTURA estuvimos de acuerdo, fue en considerar que cada una de estas seis mujeres darían por sí mismas para seis novelas distintas, por la profundidad , y variedad de matices y colores que presentan estos personajes, que resultan al lector muy cercanos y reconocibles (por no hablar de los magníficos personajes secundarios con que se arropan ).
El autor logra así sacarle la “trastienda” a cada una de las protagonistas, propiciando que estas hermanas aborden al lector con su propio un estilo literario. Adelaida, la mayor, es una mujer de su casa, una madre de familia, muy reiterativa y pesada en ocasiones, un fiel reflejo de su propia madre, y cuya única preocupación es el bienestar de los suyos, evitar por todos los medios a su alcance que sus hijos sufran innecesariamente. Alicia, la siguiente en edad (el patriarca de la familia es tan obseso del orden que el índice onomástico de su prole lo tiene fijado alfabéticamente), es una profesora de Lengua y Literatura española en el instituto Campoamor que a toda costa quiere hacer ver a los demás que es una mujer independiente, cuando víctima de su educación sentimental, no hace otra cosa que estrellarse una y otra vez yendo en busca de un concepto tan idealizado de su hombre perfecto que solo existe en el interior de su cabeza. Amelia, química de profesión, rompe definitivamente su dependencia de los hombres y se autoexilia a la ciudad inglesa de Brixtol, donde trabaja en unos laboratorios, además de colaborar en una ONG con la que pasa un tiempo en los andes peruanos. Anastasia, en cambio, es el verso suelto de la familia, ya desde pequeña y cuando estudiaba en la Inmaculada decidió escoger el camino “fácil” de los robos y la delincuencia, convertida con los años en carne de presidio. Aurora, la penúltima de las hermanas, a pesar de ser la única que no aporta su propia voz a la novela (no puedo desvelar sus circunstancias sin que me acusen de spoiler), es la más feliz de todas ellas y el nexo de unión de esta familia, donde confluyen y se engarzan sus destinos. Por último, Azucena, la pequeña (unos quince años menor que Adelaida), se nos muestra como una profesional del pasotismo, inmersa en una dinámica de vida fácil que la lleva a creerse mejor que los demás por el simple hecho de haber participado en un “reality” televisivo.
Estas mujeres, como se acertó a especular en la reunión del Club y nos fue confirmado por el propio autor, son al mismo tiempo, un trasunto de la evolución sociológica que ha sufrido el papel de la mujer en nuestro país, donde Azucena viene a prevenirnos sobre el tipo de sociedad plana e insustancial a la que vamos irremisiblemente encaminados.
Asimismo, también nos confesó Manolo Cantera que esta novela es su empeño más ambicioso y personal, concebido como un homenaje a su madre, y por extensión a todas las demás mujeres , con las que confiesa sentirse en deuda. Y eso realmente se logra percibir en cada página de “Techos redentores”, donde se rinde pleitesía a esa sabiduría femenina y a ese instinto de supervivencia que les viene dado a las mujeres desde la mismísima Eva.
Es a pesar de todo una novela dura, aunque primorosamente bien escrita, y donde este brillante creador de mundos que es Manolo Cantera, nos hace reír y llorar de la mano de seis mujeres, que acuden a donde solemos ir todos cuando la vida nos zarandea y nos sacude; a refugiarnos en nuestro propio techo redentor para reponer fuerzas y poder así lamernos las heridas.



Domingo Nofuentes Hernández, Ceuta 18/02/2015 

viernes, 6 de febrero de 2015



Nos vemos allá arriba” de Pierre Lemaitre

Por: Domingo Nofuentes Hernández.



Las catastrofes matan a todo el mundo, las epidemias se ceban con ancianos y niños, pero solo las guerras exterminan a los jóvenes en número semejante”.
Con esta franca crudeza se expresa el narrador de esta historia, de cuya mano nos adentramos en el París de la posguerra de la Primera Guerra Mundial. En la Grande Guerre murieron más de nueve millones de personas, cifra nunca alcanzada antes en un conflicto armado, no es de extrañar pues, que para los franceses, aun hoy día, continúe tendiendo un formidable impacto en su inconsciente colectivo (en ese aspecto quizás se podría comparar con la Guerra Civil para los españoles ).
Una de las novelas que vio la luz al albor del centenario de la Primera Guerra Mundial, “Nos vemos allá arriba” de Pierre Lemaitre (Ed. Salamandra), fue la que se propuso para ser comentada en el CLUB DE LECTURA de la Biblioteca Pública del Estado “Adolfo Suarez”, y con ese propósito nos reunimos el pasado día 27. Esta novela fue galardonada en 2013, nada más y nada menos, que con el premio más prestigioso de las letras francesas, el premio Goncourt, lo que le ha proporcionado ya más de medio millón de ejemplares vendidos en Francia. Es uno de esos raros casos que apenas se dan en la literatura y en la que han convergido la opinión del público y la crítica.
Pierre Lemaitre (París, 1951), el autor, hasta entonces desconocido, es escritor y guionista, y debutó en la literatura en 2006, a los 56 años, con una novela negra (tiene otras cuatro novelas policíacas más), pero ha sido con “Nos vemos allá arriba” con la obra que se ha visto encumbrado ha ese Olimpo particular en el que se encuentran Proust y Malraux entre otros.
El argumento en principio no parece muy intrincado. Faltando pocos días para que finalice la Primera Guerra Mundial, un soldado francés, Albert Maillard, es sepultado por un obús y tras participar en una absurda ofensiva tramada por el teniente d´Aulnay-Pradelle para alcanzar fama y honores. Cuando ya estaba a punto de asfixiarse, un compañero suyo, Édouard Péricourt, logra desenterrarlo, con tan mala fortuna que un trozo de metralla lo alcanza y le desfigura terriblemente el rostro. Édouard es un dibujante excepcional , hijo de un todopoderoso hombre de negocios y tras la desmovilización de las tropas se niega a reencontrase con su familia. Albert, de origen humilde, está dispuesto a lo indecible con tal de compensar a Édouard, a quien le debe la vida, hasta el punto de que le ayuda a cambiar de identidad y que resulte dado por muerto. Mientras tanto, el insidioso teniente Pradelle, conoce a la hermana de Édouard y termina casándose con ella, obsesionado con subir a toda costa en su estatus social. Transcurre así la novela, con esta pintoresca pareja de exsoldados malviviendo en el inhumano París de la posguerra, mientras el oficial se va enriqueciendo y comienza a amasar una rápida fortuna con la construcción de cementerios en toda Francia, exhibiendo su ausencia total de escrúpulos tanto a la hora de exhumar los cadáveres como al emplear féretros tan pequeños y de tan mala calidad que sus trabajadores han de cercenar los cuerpos para que quepan en ellos. Pero Albert y Édouard encontrarán juntos la manera de vengar su desdicha, a pesar de que el camino no les resultará nada fácil.

Para los miembros del CLUB DE LECTURA ha sido todo un descubrimiento esta obra y coincidiendo de forma unánime en que se trata de una novela colosal, de las que dejan un indeleble y grato poso en el lector. A alguno de nosotros nos ha enganchado la trama una vez mediada la novela, cuando los dos amigos comienzan sus peripecias, porque es en ese preciso momento cuando comienza a avanzar a ritmo de novela de suspense, con ese estilo tan personal que despliega el autor; refinado a la vez que cercano, ágil y fundamentalmente, muy bien escrito. El narrador se nos muestra como alguien próximo, que incluso en ocasiones se dirige al lector, buscando su complicidad. La trama, además de sostener sobre sus hombros esa profunda carga dramática en la que se ponen de manifiesto las nefastas consecuencias que acarrean las guerras , está salpicada de momentos de ternura, de indignación, de ácida crítica y de humor, un humor en ocasiones muy negro.
No se trata de una novela histórica, como a simple vista pudiera parecer, ni bélica; es más una novela del genero picaresco, más emparentada con el Lazarillo de Tormes (como ha reconocido el propio autor en alguna entrevista) y con las películas de Berlanga de lo que en un principio cabría suponer (algunos episodios resultan muy cercanos a ese esperpento tan nuestro y tan presente en películas como “El Verdugo”). Es una novela que nos habla de la exclusión, de la picaresca de baja estofa y vulgar, pero también de la de alta alcurnia, de la hipocresía social y de las miserias humanas, de los obscenos manejos de los poderosos y los políticos, poniendo de manifiesto que algunas cosas, por mucho que pase el tiempo, nunca cambian.
Se trata de una obra que contiene multitud de lecturas, en la que se nos hace ver, por ejemplo, que a los jóvenes que sirvieron de carne de cañón se les puede sacar rentabilidad incluso después de muertos, y nos mueve a ser testigos de la doble moral de una cínica sociedad como la de aquel tiempo; obcecada en la permanente liturgia del pasado, más empeñados en encargar monumentos a los caídos que en ocuparse de los excombatientes, mutilados y desahuciados que dejó la guerra tras de sí.
En cuanto a la pintoresca galería de personajes que despliega el autor, son de una profundidad y complejidad tal que cada uno daría para protagonizar su propia novela. En ocasiones resultan algo prototípicos, como ocurre con el arribista sin escrúpulos de Predalle, un malo malísimo de manual, pero por lo general gozan de una rica diversidad de matices. En este aspecto los dos protagonistas principales merecen un punto y aparte; a pesar de que a alguno de nosotros les evoca cierta analogía con la pareja formada con Sancho y Don Quijote, son de una complejidad psicológica digna de elogio, unidos en la desgracia y en el rencor que comparten, resultan ser al mismo tiempo un paradigma formidable de la lealtad más exacerbada y pura.
Nos vemos allá arriba”, por encima de todo, es un alegato antibelicista, en la que el autor deja ver sin ambages el sinsentido de las guerras, apuntando que éstas no ocurren porque sí, sino porque obedecen a los oscuros propósitos de unos pocos que solo ven en ellas una indecente posibilidad de negocio (no hay nada más que recordar cómo algunas empresas se frotaban las manos ante la reconstrucción de Irak). Por su modo tan particular de enfocar la temática bélica, a alguno de los miembros del Club de Lectura nos recordó esa obra de arte del cine que firmó Stanley Kubrick en 1957 llamada “Senderos de Gloria”, que interpretó espléndidamente Kirk Douglas en el papel principal. Es, en definitiva y bajo nuestro punto de vista, una obra maestra con mayúsculas.

En otro orden de cosas y para redondear la jornada, tuvimos el placer de asistir, en la Sala de Usos Múltiples de la Biblioteca Pública del Estado, a la presentación de la nueva novela de Manuel Cantera, “Techos Redentores”, en la que plasma su gran conocimiento del universo femenino. Este apreciado miembro del Club de Lectura y “jubilado cascarrabias”, como a sí mismo se define, tras deleitarnos con la “Bella Ciao” a modo de “intro” , y conminarnos a prestar un minuto de silencio en conmemoración al septuagésimo aniversario de la liberación del Campo de Auswicht por parte de las tropas rusas, se dispuso a desplegar sus artes de prestidigitador en un circo de tres pistas, cuya carpa cosió él mismo a su medida, y que hizo las delicias de los presentes. Manolo, gran lector y mejor escritor, incluso nos brindó, como si de un refinado aperitivo se tratase, unos párrafos de su siguiente novela, protagonizada por el detective Nacho Docavo (Vidrio Topacio, 2013) y que verá la luz en los próximos meses. Precisamente “Techos Redentores” es la propuesta del Club de Lectura para la siguiente reunión, en la que tendremos la impagable oportunidad de vernos de nuevo las caras con el padre de la criatura.









Ceuta, 28 de enero de 2015

Domingo Nofuentes Hernández





martes, 16 de diciembre de 2014

INTEMPERIE” de Jesus Carrasco
por: Domingo Nofuentes Hernández


Resulta imposible negar el hecho de que vivimos en una sociedad que se halla bajo el constante bombardeo de imágenes e informaciones de lo más banal ; hoy en día ya no eres nadie si no tienes cuenta de Twitter o Instagram, y mucho menos si no compartes tus últimas vacaciones vía Facebook. Pero a pesar de que tanta imagen y lluvia de caracteres se empeñen, día tras día, en obturar nuestra capacidad de observación, en ocasiones, solo hay que prestar atención a ciertos detalles para darse cuenta de que algo está realmente cambiando en el modo que tienen algunas personas de entender el mundo que nos rodea. De pronto, escuchas con asombro, la noticia de que un matrimonio con hijos ha abandonado su trabajo en la ciudad y se marcha a vivir a un pueblo perdido, ha emprender una nueva vida, trabajando con sus manos y alejados del estrés, ese demente tirano siempre obcecado en imponernos sus normas. Otros, en cambio, se embelesan con los beneficios de los productos ecológicos ( “gran hallazgo” que supone cultivar el género como lo hacían nuestros abuelos), o se empeñan en repoblar con huertos “urbanos” sus terrazas. Y es que de pronto, algunos parecen haberse dado cuenta de que existe un futuro en algunas de las cosas que se han dejado atrás.
Del mismo modo, en la Literatura de nuestro país, también empieza a asomar cierto neorruralismo; algunos incluso van más allá y pretenden ver en “Intemperie” (Seix Barral) de Jesus Carrasco, un destello de lo que en otra época hiciera Miguel Delibes en la novela. Cuando en el Club de Lectura de la Biblioteca Publica del Estado “Alfonso Suarez” se propuso esta obra, he de decir que despertó gran interés y curiosidad en la mayoría de nosotros, ya que no todos los días editores de trece países se unen para sacar una obra simultáneamente, como ha ocurrido en el caso de “Intemperie”. Además, si viene precedida del halo que imprime haber sido elegida por el Gremio de Libreros de Madrid como la mejor obra de 2013, comprenderán entonces que la expectativa no resulte baladí.
Se trata, sin embargo, de la primera novela de Jesús Carrasco (Olivenza, Badajoz, 1972), un redactor publicitario que actualmente vive en Sevilla y que compagina su labor profesional con la escritura. Él mismo ha reconocido en alguna entrevista ser deudor de autores norteamericanos como Cormac McCarthy, Carver, Richard Ford o John Updike.
La historia de “Intemperie”, a priori, parece de lo más simple. Nada más destapar su página inicial hallamos ante nosotros a un niño que ha huido de su casa y que aguarda, semienterrado en su escondrijo, a que se dejen de escuchar los gritos de los hombres que lo buscan; una partida compuesta por el alguacil, el maestro y otros hombres de la aldea. A partir de ahí somos los privilegiados testigos de su obstinado afán por no ser descubierto y atravesar la llanura árida e infinita que se despliega ante él, para alejarse así definitivamente de aquello que le ha hecho huir. Una noche, en mitad de aquella nada inhóspita, su senda se viene a cruzar con la un cabrero, un pastor viejo y solitario que lo acoge durante unos días. A partir de ahí ya nada será igual para ninguno de los dos. Emprenden de esa manera ambos una lucha por subsistir, mientras el alguacil estrecha sobre ellos su cerco de violencia.
Un detalle importante a señalar es que el autor extremeño declina desde el principio de la novela a situar la acción en el tiempo y en el espacio, prescindiendo deliberadamente de referencias toponímicas y temporales (aunque por el contexto podemos encajar la trama en los años 20 y 30 del pasado siglo), con lo que consigue abundar en el dibujo de ese paisaje inmisericorde y árido que plantea como decorado de la obra , rematado con un lenguaje austero, maduro y sembrado de términos propios de la vida rural y el pastoreo ( lo que puede obligar en más de una ocasión a echar mano del diccionario). Quizás, ese aspecto sea los que inevitablemente nos lleva a evocar en esta obra ecos de Delibes.
Es por encima de todo un relato áspero, duro en ocasiones, con frases a menudo de una terca frugalidad, cortas, precisas y articuladas para sugerir más que para ser explícitas. No se prodiga demasiado en largas descripciones, pero cuando recurre a ellas lo hace de un modo sutil, penetrante y certero. Sobrevuela, constantemente a lo largo de la novela, la sombra de una profunda incertidumbre, que emana desasosiego y violencia, y que va forzando al lector a que continúe leyendo, para poder de ese modo hallar todas las respuestas a los interrogantes que se le van planteando.
Como suele ocurrir cada vez que nos reunimos los miembros del Club, cuando cada uno de nosotros desliza el libro por el tamiz de su propia experiencia y su imaginación, se convierte en una historia única ( ahí es donde reside el verdadero patrimonio del Club de Lectura, como ya he recalcado en alguna ocasión), por lo que mientras para unos “Intemperie” resultó ser una obra incómoda, triste y hasta en ocasiones desagradable de leer, para otros significó un grato descubrimiento, una obra dotada de una extraña y hosca belleza, donde subyace un mensaje positivo a pesar de todo. Lo que para unos resultó ser una agria estampa de la dura vida rural, para otros consistió en un relato cargado de simbolismos y que se da a muchas interpretaciones, con unos personajes que son el trasunto de la dignidad, la bondad o la maldad extrema, y donde la inclemente naturaleza y la soledad también son claros protagonistas de la historia.
En definitiva, “Intemperie” es de esa clase de literatura intensa que no deja impasible al lector, y que reúne todas las características para que, quizás dentro de pocos años, cuando nos refiramos a él ya estemos hablando de un clásico.









Domingo Nofuentes Hernández, Ceuta 10/12/2014 

lunes, 1 de diciembre de 2014

“HEBRAS DE UNA HOGUERA” de Maria Jesus Fuentes Por: Domingo Nofuentes Hernández

El pasado día 25 de noviembre, como es sabido, se celebró el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, lo que entre otras cosas, dio origen a multitud de manifestaciones y concentraciones en diferentes ciudades del planeta. Afortunadamente, con los tiempos algo hemos avanzado y ya no es un delito que permanezca invisible, como lo ha sido durante siglos; al fin se ha logrado que al menos se produzca un unánime rechazo colectivo hacia tan infame conducta. Sin embargo, en gran medida, sigue estando oculto, soterrado, al abrigo de arcaicos convencionalismos y prejuicios sociales, y más aun si nos adentramos en determinados ámbitos étnicos o culturales.
Continua siendo, por tanto, indispensable que la sociedad persista y siga movilizándose, comprometiéndose en la lucha contra esta inmensa crueldad que sólo causa dolor, miedo y muerte en las familias que lo sufren. Y como individuos, hemos de hacer otro tanto y ser conscientes de que nuestra obligación moral solo pasa por el inexcusable deber de aportar cada uno su grano de arena, para de ese modo, ir fijando un peldaño más en el camino hacia la concienciación, y avanzar sin concesiones en la definitiva erradicación de esta lacra.
Con ese impulso, los miembros del CLUB DE LECTURA de la BIBLIOTECA PUBLICA DEL ESTADO “ADOLFO SUAREZ”, nos reunimos como suele, pero en esta ocasión para comentar el libro de nuestra admirada y querida escritora ceutí María Jesús Fuentes, “Hebras de una hoguera” (Ed. Cuadernos del Laberinto), en el que trata sin ambages el tema de la violencia de género. Tuvimos además la oportunidad de contar con la inestimable presencia de la autora, que nos ofreció su punto de vista y nos ayudó a desgranar el contenido de su obra.
En “Hebras de una hoguera”, la autora logra meterse con maestría y franqueza en la piel de una mujer que empieza a padecer el maltrato por parte de su pareja, y como desgraciadamente aun suele ocurrir, ha de hacer frente, no solo a sus propios temores y aflicciones, sino también a la incomprensión de sus familiares y amigas. El título, según nos confesó María Jesús Fuentes, se debe a una frase de Virginia Wolf, una de sus escritoras favoritas, que en su libro “Las Olas” compara un amanecer con las hebras de una hoguera (“ las hebras de una hoguera se fundieron en un resplandor”), estableciendo así un simbolismo muy eficaz con el despertar hacia el que evoluciona la protagonista.
Tras el primoroso Prefacio, a cargo del poeta Jorge de Arco, y nada más empezar su lectura, nos damos de bruces con el primer verso, una frase impregnada de tanta verdad que resulta toda una declaración de intenciones; “Nunca pensé que me pasaría a mí”, asume la protagonista, haciendo suyo un pensamiento que a buen seguro han tenido en alguna ocasión la mayoría de las víctimas, y dejando entrever que esta violencia ejercida sobre la mujer no entiende de clases sociales.
Emplea la autora un método novedoso y certero para asomarnos a la piel de la protagonista; el poemario esta escrito en primera persona, entrelazando poemas con textos en prosa, en estrecha relación con sus diferentes estados de ánimo, y adoptando la forma de un diario, lo que favorece el tono íntimo, sincero y conmovedor que predomina en la obra. Va urdiendo así, página a página, un hilo conductor que lleva al lector de la mano por las distintas etapas que sufre en sus propias carnes nuestra heroina; atisbamos a través de sus ojos, con un realismo sincero y crudo en ocasiones, ese círculo vicioso y trágico de agresiones psicológicas y verbales que invariablemente anteceden al inicio de la violencia física, advirtiendo al mismo tiempo las estrategias de las que se sirve la mujer para eludir y minimizar los daños, un coctel tóxico que va ingiriendo poco a poco y en que se mezclan la incredulidad, la sorpresa inicial, la duda, la culpabilidad y el miedo.
En ese diario, en el transcurso de los once meses en que acompañamos por su tortuosa montaña rusa particular a la protagonista, la tensión va en aumento , alternándose las fases de violencia atroz con las de culpa y remordimiento, pasando por la más árida resignación, hasta que comenzamos a atisbar leves destellos de esperanza que convergen al fin en la única decisión posible; desterrar el miedo, luchar, sobreponerse y huir.
Utiliza, asimismo la autora, con la precisión propia de un cirujano, un verso tenso, honesto y valiente, armado con un vocabulario cercano, a menudo trufado de coloquialismos ([…]me hizo sentir como una colilla a la que pisotear”), y donde palabras como “alimaña”, “soledad”, “telaraña” y “futuro incierto”, cobran un significado propio.
En los últimos versos podemos ser testigos de cómo la protagonista, finalmente y para alivio del lector, logra librarse de su pesada mochila de dolor y miedo, ese “lastre innecesario” que la somete, y emprende su marcha con un “bolso mágico” repleto de anhelos y esperanza, intuyendo de una vez por todas que sin libertad no hay destino.

Decidida, orgullosa/ saboreando el horizonte/ dispuesta/ a luchar/ que vida tengo/ para que vivamos.”

Como la misma editorial reseña, esta obra “quiere y puede ser mucho más: un punto de apoyo para quienes se ahogan en el sentimiento culpabilidad inculcado por la comodidad ajena; un respaldo afectuoso para quienes han perdido la fe en sí y una palmada alentadora que denote que se puede romper con todo y salir adelante, además de un reconocimiento a quienes, en el anonimato, dedican, altruistamente, su tiempo a ayudar y a encontrar soluciones”.

Es , por encima de todo, un libro que invita a reflexionar, a sentir, que transita por multitud de cuestiones (¿el arrepentimiento del maltratador es sincero o solo se trata de una pose, una argucia para continuar en su bárbaro empeño y aumentar sus coacciones? …), indagando en los cánones socialmente establecidos, como el propio concepto del amor, y haciéndonos caer en la cuenta de que los auténticos enemigos de la mujer no son los hombres, sino la desigualdad y el machismo.

Pero como en cualquier pandemia, una vez se ha detectado el virus, ¿a qué esperamos para empezar a vacunar a toda la población?.





Ceuta, 28 de noviembre de 2014




lunes, 15 de septiembre de 2014

En esta colaboración, publicamos unos poemas de D.Antonio Ramírez Rodríguez, esperamos que les gusten y disfruten con su lectura:





jueves, 5 de junio de 2014

“DEMASIADA   FELICIDAD” de  Alice Munro
por: Domingo Nofuentes Hernández

Nadie está libre del influjo de los prejuicios. El prejuicio es abordable desde muchos ángulos y sostenido por innumerables impulsores, ya sean propios o extraños, pero principalmente habita abonado por el desconocimiento que tenemos de la gran mayoría de las cosas. Y con la literatura no iba a ocurrir de un modo diferente. A menudo,  juzgamos anticipadamente  una obra o una temática concreta, y con la osadía de siquiera haber detenido la vista sobre ella. En cierta medida, eso es lo que  le ocurre a los libros de relatos;  aun hoy día ,  para muchos lectores,  el relato sigue siendo  considerado  un género menor. A mi entender, eso supone un desatino tan grande como sería  asegurar que un dibujante, un serigrafista o un escultor son  menos artistas plásticos que uno  que pinta al óleo. Sin embargo, en el imaginario colectivo aun predomina la idea de que un escritor de relatos es menos “escritor”  que otro que compone novelas     ( a menos que tengas la suerte de apellidarte Borges o Bioy Casares…).
Muy al contrario, para exponerlo  de un modo  más gráfico y parafraseando a Cortázar  ( que según tengo entendido, de esto creo que sabía un rato) , cabría decir que el relato se podría comparar con la fotografía  en tanto  la novela podría hacerlo con el film; mientras el relato implica una sola secuencia, la novela entraña a una sucesión de ellas, repleta de  planos generales, travelling o  planos detalle.
Un paradigma perfecto de la fuerza, el ímpetu y  esmero  que entraña el relato como género, es el libro que para este mes de mayo se propuso en el CLUB DE LECTURA  de la Biblioteca Pública del Estado en Ceuta. “DEMASIADA FELICIDAD” (Ed. Lumen) de la autora canadiense Alice Munro, es un libro que está compuesto por  diez relatos y  comienza con la brutal historia de una mujer y su particular descenso  a los infiernos. Los demás relatos, sin desmerecer en intensidad, por el contrario,  le siguen a la zaga al primero, articulándose entre ellos  y conformando una pieza áspera y rotunda, en la  que nos ofrece algunas realidades incómodas  que nos  dejan  un poso con cierto regusto  amargo al terminar. Sus relatos son intensos e incisivos y funcionan como  engranajes precisos, atrayendo y atrapando con parsimonia  al lector en su telaraña. Son  relatos que encierran otros relatos, o como expresó con tino Antonio Muñoz Molina,   “ novelas enteras […]”.
Alice Munro (Ontario, 10 de julio de 1931) , es autora de libros de relatos  y de una sola novela,  y simplemente  asomándonos a su biografía, su mérito resulta aún mayor.  Según ella misma ha contado, fue una niña rebelde y de joven soñaba con ser escritora. Pero le ocurrió lo que a tantas mujeres de su generación; se casó y dejó sus estudios universitarios para dedicarse a atender a su familia. Sin embargo, “el veneno” de la ficción no se le diluyó en el tedio infinito de sus quehaceres domésticos, y continuó escribiendo aprovechando los exiguos ratos que podía hurtar al cuidado de sus hijas. A los treinta años escribía cuentos y relatos que vendía a la radio pública canadiense.  Quizás de esa necesidad hizo virtud y fue así como  comenzó a madurar una estructura y un estilo por el que ha sido alabada y  mundialmente reconocida .No en vano, la escritora canadiense ha sido constantemente reivindicada  por coetáneos suyos como Richard Ford o Jonathan Franzen. Ese reconocimiento llegó a su punto más álgido  cuando en el año  2013 la academia sueca decidió premiar su universo literario con el Premio Nobel de Literatura.
Para la inmensa mayoría de los miembros del CLUB DE LECTURA “Demasiada Felicidad” ha resultado todo un descubrimiento, uno de esos libros que te abre el apetito y te impulsa a buscar otras  obras de la autora. Tanto el título como la portada (una bucólica  imagen del rostro de una joven a la que un pajarillo le sostiene los hilos del tocado), puede resultar engañosa, al igual que lo resulta la aparente sencillez de su prosa. Se trata solo de eso, de un premeditado ardid,  con el que la autora  va envolviendo al lector, implicándolo e invitándolo de forma sibilina a que entre en el juego que cada relato propone.
 Sus relatos breves  componen un elogio permanente a la complejidad en miniatura, donde su virtuosismo de la elipsis (continuamente nos va entregando con tacañería la información)  y su genialidad construyendo historias, la convierten en un verdadero prodigio literario. Con su excelente estilo, que  en ocasiones ha evocado en alguno de nosotros las maneras del mismísimo  Hemingway, es capaz de hacer ver al lector todo un extenso muestrario de pasiones y pequeñas derrotas, en definitiva, nos hace atisbar los entresijos del corazón humano.
Y quizás una de las claves de su éxito resida en que  sus personajes (la gran mayoría de ellos femeninos) son gente normal, cotidianos e incluso vulgares,  a pesar de lo cual,  están  perfectamente dibujados y despliegan una hondura psicológica que hace que el lector empatice  irremediablemente con ellos, forzándonos a ser testigos de sus fracasos, de sus secretos latentes y de las tragedias silenciadas que también  cualquiera de nosotros puede llevar dentro (posiblemente siempre  el mayor dolor sea el que se calla).
Es tal su maestría que incluso Javier Marías ha llegado a afirmar de ella que está al nivel de los grandes virtuosos  del relato corto, como  Chejov, Maupassant  y Borges.
Ya para  terminar,  a todos aquellos que aun no sean capaces de  percibir la precisión que  exige escribir un buen cuento, que  sigan desmereciendo  a los libros de relatos y los vean solamente como un entretenimiento para  cuando van  en el metro o una ligera distracción que  llevar a la playa bajo el brazo,  solo permítanme decirles  algo que  me dijeron una vez y  que con los años  he convertido en un dogma de fe:        “ Si  la novela es como un veneno lento,  el relato es como un navajazo”.






Domingo Nofuentes Hernández, Ceuta 28/05/2014

lunes, 18 de noviembre de 2013

“EL JARDÍN DE BRONCE ” de Gustavo Malajovich          
por: Domingo Nofuentes Hernández

Personalmente, siempre he valorado como una  de las razones más  inestimables que otorga  el formar parte de un CLUB DE LECTURA,  el que a menudo caigan  en mis manos obras que de otro modo, ni por los mas sinuosos mecanismos del azar, podría  leer de motu proprio; bien porque el argumento a priori  no me resulta atractivo, bien porque nunca he oído hablar del autor, o bien porque simplemente ignoro  su existencia. Últimamente, a la hora de afrontar  la lectura un libro, cada vez me ocurre con mayor frecuencia que me dejo engatusar por  mis autores de cabecera o me remito a las opiniones de  amigos cuyo criterio tengo en bastante estima. Ya sé  que esta es una forma bastante  parca y  evidente de no errar el tiro, pero es que hay tantos libros buenos y tan poco tiempo para leerlos… Así que, como digo, cuando en el CLUB  se sugiere la lectura de un libro que me  es totalmente desconocido,  y al sumergirme  en sus páginas descubro que es una obra  absolutamente excepcional, la satisfacción  es indescriptible.
Y ni más ni menos, eso es  lo que me ha ocurrido con “EL JARDIN DE BRONCE” , de Gustavo Malajovich, la novela que se propuso para comentar en el CLUB DE LECTURA de la Biblioteca Pública y para lo que nos reunimos el pasado miércoles . La idea partió de uno  de los miembros  (y es que Manolo Cantera nunca defrauda…), así que  cuando me hicieron llegar el libro, he de decir que  la única información que tenía del autor y de la obra era la que la editorial suele imprimir en la sobrecubierta .  Ahí  se nos anticipa  una sucinta biografía del autor, Gustavo Malajovich,  refiriendo que  es un escritor argentino, nacido en 1963, arquitecto de profesión, que en el año 2002 formó parte del equipo de guionistas de la serie de televisión “Los Simuladores”, todo un hito y una referencia en la ficción televisiva argentina. A partir de ese momento, y  según la  reseña, se volcó con su trabajo como guionista y  escritor, siendo esta obra su primera incursión en la novela.
El libro comienza con las primeras páginas de un sombrío diario que, escrito en primera persona, va dando saltos temporales y se irá intercalando con la historia que el narrador omnisciente nos presenta, entrelazándose ambas al final magistralmente, desvelando los enigmas de la novela,  que solo entonces cobran sentido ante nuestros ojos.
El narrador nos introduce en la vida de un matrimonio inmerso en una crisis que ninguno de los dos quiere afrontar. Para Fabián Danubio, arquitecto, y su esposa Lila, una enigmática mujer cercada por sus continuas depresiones, su única satisfacción es su hija Moira, de cuatro años. Pero su vida se quiebra dramática y definitivamente cuando la pequeña desaparece camino de un cumpleaños junto a su niñera. A partir de ese instante, es cuando la historia adquiere toda su fuerza. El protagonista atravesado por el dolor de la pérdida verá cómo ante sus ojos se va derrumbando todo  su  mundo. Pero cuando está decidiendo darse por vencido, debido en parte  a que pasan los meses sin que se sepa nada y sin que la policía llegue a ninguna conclusión, aparece en su vida el detective Cesar Doberti, un peculiar investigador privado que hará que el propio Fabián emprenda la ardua tarea de desenmarañar una historia que empezó mucho antes de que naciera Moira ( y hasta ahí puedo leer… )
La novela se divide formalmente en cinco partes, en un analogismo buscado con las cinco etapas por las que atraviesa el protagonista y que tienen como eje central las tres fases del duelo: negación, ira y aceptación.
 El Jardín de Bronce , a pesar de ser un compendio de prosa elegante y perfecta (para eso ya tenemos a Vargas Llosa) ,es una novela repleta de giros inesperados, de tensión y suspense, y  que se lee con la excitación de una novela de aventuras. Es un relato intenso, que nos angustia y nos atrae a partes iguales, en el que el genial pulso del autor va desenredando ante nuestros ojos el nudo de la trama, con gesto firme de prestidigitador, poco a poco y con golpes narrativos genialmente orquestados, dosificando con paciencia de artesano el suspense, la tensión, consiguiendo que se encoja  por momentos el corazón del lector con la desgarradora historia que le toca en suerte a Fabián Danubio. La trama, además de sostener sobre sus hombros esa profunda carga dramática, está salpicada de episodios cómicos ( casi todos teniendo como protagonista al singular Doberti), y de explícitas críticas al mundo que nos rodea. Construye así Malajovich, al mismo tiempo, una historia laberíntica pero definida hasta el detalle, con descripciones minuciosas, con unos personajes secundarios sutilmente elaborados y a los que a menudo va desprendiendo de sus numerosas capas. De ese modo el autor va  conformando  el gran logro del relato  y donde reside gran parte de su  éxito: que en el propio desenlace de la historia, el lector adquiera  todos los detalles  que lo lleven a poder entrever las más profundas e íntimas motivaciones de cada uno de los personajes.
Pero no hay que llevarse a engaño, algo en lo que discutimos y en lo que más o menos estuvimos  los allí presentes  todos de acuerdo, fue en que si alguien se refiere a esta novela como una novela negra o policiaca, sin duda,  está confundiendo una parte con el todo. Es obvio que en los últimos tiempos se ha puesto de moda cierta novela criminal proveniente  de latitudes más frías, gracias a autores como Stieg Larsson o Camila Läckberg, pero las semejanzas de EL JARDIN DE BRONCE con éstas obras, a mi juicio, son las mismas que puede haber entre Suecia y Argentina. Si bien en  ocasiones la novela de Malajovich se conduce por los reconocibles territorios del auténtico género negro, lo que la hace una obra mucho más difícil de etiquetar,  es la forma en que el autor nos hace partícipes de la desesperación, la angustia, la impotencia y la locura que siente el protagonista al perder a una hija, y el modo en que  nos hace pasar por los ciclos emocionales que padece Fabián Danubio, pero al mismo tiempo,  trazando  una compleja y escurridiza telaraña que nos atrapa hasta el mismo final.
Y para muestra, un botón,  aquí traslado una  reflexión del protagonista:
 “Ahora sentía en carne propia lo que solo había podido imaginar lejanamente: cada desaparecido es el comienzo de un grito que ya no se detiene. La muerte es algo más liberador, es algo que tristemente da una respuesta. Pero alguien que desaparece es una pregunta interminable”
En definitiva, si algún lector  desea enfrascarse en  una novela en la que conforme uno va avanzando por sus  páginas, su lectura se vaya convirtiendo en  más y más adictiva ( yo personalmente, las últimas ciento cincuenta páginas las he tenido que hacer casi de corrido) , y desea dejarse llevar por un  suspense refinado y eficaz, EL JARDIN DE BRONCE, sin duda alguna,  va a colmar todas sus expectativas.


Ceuta, 07 de noviembre de 2013 - Domingo Nofuentes Hernández -